La tormenta tropical Melissa se espera que se desplace lentamente por el Caribe en los próximos días, incluso se prevé que se fortalezca hasta convertirse en huracán, moviéndose a una velocidad de apenas 3 kilómetros por hora, inferior a la de un ser humano caminando. Los huracanes son fenómenos meteorológicos poderosos, pero su trayectoria y velocidad dependen de la influencia de otros sistemas climáticos, como un frente frío o una corriente en chorro. Cuando estas influencias son débiles o inexistentes, como ocurre en el caso de Melissa, una tormenta puede vagar durante días, provocando intensas lluvias en las áreas circundantes.
La lentitud del movimiento y la debilidad de los vientos en las capas altas de la atmósfera pueden contribuir a que tormentas como Melissa se intensifiquen en huracanes de categoría 3 o superior. Actualmente, el mar Caribe presenta algunas de las aguas más cálidas del Atlántico, lo que podría permitir que la tormenta aproveche esa energía. Según Kerry Emanuel, meteorólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts, el potencial de intensidad en esta región es notablemente elevado en comparación con el promedio de los años 1979-2023 para esta época del año. Hasta ahora, ha habido poca actividad ciclónica en el Caribe debido a vientos en las capas altas que han dificultado el desarrollo de nuevas tormentas.
La tendencia de los huracanes a moverse más lentamente
Expertos han señalado que las tormentas tropicales y los huracanes que se desplazan lentamente están ocurriendo con mayor frecuencia en la cuenca del Atlántico, especialmente cerca de las masas de tierra. Investigaciones recientes indican un descenso en la velocidad de avance al hacer impacto en tierra, lo que conlleva un aumento en las precipitaciones y el riesgo de inundaciones. Algunos estudios sugieren que el calentamiento global podría ser un factor en esta tendencia, aunque este vínculo no ha sido completamente establecido. A pesar de que hay indicios de un comportamiento más lento en las tormentas sobre Estados Unidos, los científicos no han llegado a un consenso sobre su relación con el cambio climático provocado por el ser humano.
Investigaciones del experto en huracanes James Kossin han documentado una desaceleración global en las velocidades de avance de los ciclones tropicales, relacionada con cambios en la circulación del aire en las capas altas de la atmósfera, lo cual es consistente con las expectativas derivadas del calentamiento global. Además, se ha observado que las tormentas tropicales y los huracanes ahora generan más precipitaciones que en el pasado, debido a que el aire más cálido puede retener más humedad. Un ejemplo devastador de esto fue el huracán Harvey en 2017, que generó más de 60 pulgadas de lluvia en el sureste de Texas, marcando un récord en la historia de ciclones tropicales en Estados Unidos. A medida que las tormentas se mueven más lentamente, existe un potencial creciente para que fenómenos similares ocurran en el futuro.
