Investigadores han realizado un descubrimiento fascinante en Nueva Zelanda, donde han identificado una nueva especie de ave que pertenecía a la familia de los pájaros bower, conocida por su comportamiento de cortejo único. Este hallazgo, basado en restos fósiles de hace entre 14 y 19 millones de años, aporta valiosa información sobre la diversidad aviar de la región durante el Mioceno.
Los restos fueron encontrados en el antiguo lago Manuherikia, en la actual región de Central Otago. A pesar de que se ha estudiado en profundidad la fauna de aves más grandes, como los patos, la pequeña avifauna, en particular los paseriformes, ha permanecido en gran medida desconocida debido al tamaño diminuto de sus huesos. Sin embargo, las tecnologías avanzadas, como el escaneo micro-CT, están permitiendo a los científicos desenterrar los secretos de estas pequeñas criaturas.
El bowerbird de St Bathans
Entre los huesos minúsculos hallados en el yacimiento fósil de St Bathans, se descubrió un hueso del pie que llamó la atención de los investigadores. Al comparar modelos digitales de este fósil con una amplia variedad de paseriformes, se determinó que presentaba todas las características de un bowerbird, aunque de un tamaño significativamente menor y más esbelto que sus parientes actuales. La especie ha sido nombrada Aevipertidus gracilis, lo que se traduce como «el gracioso de una era perdida». Este descubrimiento lo convierte en el bowerbird más pequeño conocido hasta la fecha.
Con un peso estimado de alrededor de 33 gramos, comparable al de un korimako o campanero, el Aevipertidus gracilis se diferencia de los bowerbirds modernos, que suelen pesar entre 62 y 265 gramos. Los análisis sugieren que su morfología era más similar a aquellos bowerbirds que construyen avenidas decoradas para atraer a sus parejas. Aunque se especula sobre su plumaje y comportamientos, es probable que también realizara exhibiciones elaboradas para el cortejo.
Este descubrimiento se suma a la rica historia de los paseriformes en Nueva Zelanda, que incluye especies como el huia, el kōkako, el piopio y el mohua, cuyos ancestros llegaron a Zealandia hace millones de años. El Aevipertidus gracilis vivió en un entorno muy diferente al de sus parientes actuales, lejos de Australia y Nueva Guinea. Se cree que su dieta podría haber incluido frutas, lo que lo habría hecho vulnerable a los cambios climáticos drásticos que ocurrieron aproximadamente hace 14 millones de años, los cuales llevaron a una disminución en la diversidad vegetal.
El estudio de fósiles como el del bowerbird de St Bathans, junto con investigaciones genéticas, está iluminando la historia evolutiva de las aves en Nueva Zelanda, marcada por extinciones y colonizaciones a lo largo del tiempo geológico. Por ejemplo, los antepasados de los patos shelduck colonizaron Zealandia, pero eventualmente se extinguieron. Dos millones de años atrás, las aves que hoy conocemos como pūtangitangi o patos del paraíso regresaron a Nueva Zelanda.
Algunos investigadores argumentan que estas especies extintas complican la noción de lo que se considera nativo o introducido en Nueva Zelanda, utilizando el ejemplo de los magpies. Aunque parientes antiguos de los magpies alguna vez habitaron Zealandia, eso no implica que sus descendientes modernos deban considerarse parte del ecosistema actual, lo que podría perjudicar la gestión de la conservación y contribuir a la degradación de los ecosistemas por especies invasoras.
El mundo antiguo de St Bathans existió en una Zealandia antes de que se formaran los Alpes del Sur, cuando el lago Manuherikia albergaba una gran diversidad de plantas y animales, incluidos cocodrilos y tortugas. Estos hallazgos fósiles, como el del bowerbird, ofrecen una visión valiosa del patrimonio biológico de Nueva Zelanda, y deben ser celebrados como pistas hacia el pasado, sin que se utilicen para socavar la urgente lucha por proteger la flora y fauna vivas del país.
