Un estudio reciente de científicos de la Universidad de Nueva York ha presentado una nueva categoría para clasificar a ciertas plantas que, aunque se asemejan a los árboles, en realidad comparten características más cercanas a las gramíneas. Estas plantas, que incluyen el bambú, las palmas y los bananos, han sido denominadas «árboles herbáceos» o «grassy trees». A pesar de su imponente estructura, sus tallos no crecen en grosor con el tiempo, lo que ha dificultado su clasificación y el entendimiento de su biología y beneficios.
Los beneficios de los «árboles herbáceos»
Según la investigación publicada en la revista Trends in Ecology & Evolution, estos «árboles herbáceos» combinan la estructura de dosel de los árboles con la resiliencia de las gramíneas, lo que les permite adaptarse y recuperarse más fácilmente de condiciones climáticas extremas. Aiyu Zheng, investigador principal del estudio, subraya que esta hibridación les convierte en aliados poderosos frente al cambio climático.
“Responden rápidamente tras incendios, tormentas o cosechas, y ayudan a restaurar paisajes, almacenar carbono, apoyar la biodiversidad y sustentar comunidades. Sus beneficios abarcan desde la alimentación y empleo hasta materiales renovables y energía verde”, señala Zheng.
El estudio proporciona una visión global sobre la capacidad de captura y almacenamiento de carbono de estos «árboles herbáceos», demostrando su abundancia y relevancia en las culturas tropicales, lo que sugiere que merecen ser considerados al mismo nivel que otras soluciones basadas en la naturaleza más conocidas.
El análisis incluyó datos sobre 12 tipos de ecosistemas dominados por árboles, gramíneas o árboles herbáceos. Los investigadores encontraron que los ecosistemas dominados por bambú, palmas y bananos destacaban por su productividad superior en comparación con otros sistemas dominados por árboles o gramíneas, y su capacidad de almacenamiento de carbono era intermedia, siendo menor que la de los árboles, pero mayor que la de las gramíneas.
El artículo también destaca ejemplos exitosos de especies de «árboles herbáceos» que han sido implementadas en función de las necesidades y prioridades de desarrollo de las comunidades locales. Ejemplos incluyen:
- La palma moriche en América del Sur, que sostiene la biodiversidad de humedales y proporciona frutos y aceite nutritivos a las comunidades.
- El bambú de tierras bajas en Etiopía, que restaura suelos degradados y aguas, al tiempo que alimenta una industria verde de rápido crecimiento que genera empleo.
- Los bananos en el sudeste asiático, que proporcionan sombra a jardines diversos, mejorando la seguridad alimentaria y los ingresos rurales.
Los investigadores han identificado regiones de alta oportunidad donde los recursos de estos «árboles herbáceos» podrían respaldar soluciones sostenibles accesibles. Al reconocer a estas especies como una forma de crecimiento única, se ha sentado las bases para futuras investigaciones que iluminarán su valor ecológico y social. Esta nueva clasificación no solo es un avance científico, sino una llamada a la acción para que gobiernos y comunidades adopten prácticas más sostenibles en la gestión de sus recursos naturales.
