El envenenamiento por mordeduras de serpiente es considerado una de las enfermedades tropicales más mortales y menos atendidas a nivel mundial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre 100,000 y 150,000 personas mueren cada año a causa de esta problemática, que se incluye entre las 21 enfermedades tropicales desatendidas. A esto se suma que, por cada fallecido, tres personas sobreviven pero quedan con graves secuelas, como amputaciones o daños permanentes en los tejidos.
Ante esta realidad, los pacientes envenenados dependen del antiveneno, aunque los tipos existentes presentan limitaciones significativas. No todos cubren las especies de serpientes más relevantes desde el punto de vista médico, y su capacidad para neutralizar las toxinas de los venenos no siempre es efectiva. Esto complica la posibilidad de proporcionar un tratamiento adecuado y óptimo.
Un avance significativo en la lucha contra el veneno de serpiente
Un equipo internacional de investigadores liderado por el profesor Andreas Hougaard Laustsen-Kiel, de la Universidad Técnica de Dinamarca, ha desarrollado un antiveneno de amplio espectro que ha mostrado un potencial impresionante en estudios de laboratorio. Este nuevo antiveneno es eficaz contra un total de 17 especies de serpientes africanas, incluyendo cobras, mambas y rinkhals. Ofrece mejor protección contra daños tisulares, presenta un menor riesgo de reacciones inmunitarias y, según los investigadores, puede producirse a un coste inferior al de los antivenenos existentes.
Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista Nature y representan la culminación de varios años de trabajo intenso con un objetivo claro: desarrollar un antiveneno que realmente pueda marcar la diferencia para las víctimas de mordeduras de serpiente.
En el África subsahariana, se registran más de 300,000 casos de mordeduras de serpiente cada año, resultando en la muerte de más de 7,000 personas y alrededor de 10,000 amputaciones. La magnitud real del problema es probablemente aún mayor, ya que muchos casos no son reportados.
Los antivenenos convencionales se producen mediante la inmunización de caballos con veneno de serpiente, extrayendo luego los anticuerpos de su sangre. Este proceso genera una mezcla grande y no definida de anticuerpos, de los cuales solo una pequeña proporción es efectiva contra las toxinas más peligrosas. La variabilidad en la calidad del producto y el riesgo de efectos secundarios graves son algunas de las desventajas de este método.
En contraposición, el nuevo antiveneno no requiere la extracción continua de anticuerpos de animales. En su lugar, se ha utilizado la tecnología de phage display para desarrollar el antiveneno, lo que permite seleccionar y copiar fragmentos de anticuerpos efectivos (nanocuerpos) que luego pueden producirse a gran escala con calidad constante. Esto significa que se podrá producir el antiveneno en grandes cantidades sin comprometer su calidad.
La investigación ha dado lugar a un antiveneno más efectivo al combinar ocho nanocuerpos seleccionados para crear un cóctel que apunta a venenos de 18 especies de serpientes africanas. Los nanocuerpos, que provienen de anticuerpos encontrados en animales de la familia de los camellos, son más pequeños y estables que los anticuerpos ordinarios, permitiendo que el antiveneno neutralice venenos de múltiples especies. En pruebas in vivo, el antiveneno ha mostrado resultados prometedores, neutralizando venenos de 17 de las 18 especies de serpientes testeadas.
A pesar de estos avances, el antiveneno aún no ha sido probado en humanos y su disponibilidad en el mercado está sujeta a más investigaciones. Los investigadores continúan trabajando para perfeccionar el contenido del antiveneno y aumentar su efectividad, ya que la composición del veneno y el momento de la administración son cruciales para el éxito del tratamiento. Se estima que, con el apoyo adecuado, las pruebas clínicas podrían comenzar en uno o dos años y que el producto final podría estar disponible en un plazo de tres a cuatro años, con el potencial de salvar miles de vidas.
El profesor Hougaard Laustsen-Kiel ha mantenido diálogos con diversas empresas y organizaciones para avanzar en la financiación necesaria para acelerar el desarrollo del antiveneno. A pesar de las dificultades para atraer inversiones en África, donde los países más afectados suelen ser pobres, el nuevo antiveneno promete ventajas económicas significativas, ya que se estima que puede producirse a menos de la mitad del precio de los antivenenos actuales.
