Los diplomáticos europeos se encuentran en una carrera contra el tiempo para acordar un objetivo de reducción de emisiones de carbono en la Unión Europea (UE) a diez años, justo cuando se acerca la cumbre climática COP30 de las Naciones Unidas. Las propuestas ambiciosas presentadas por la Comisión Europea aún no han sido aprobadas por los Estados miembros, debido a divisiones internas que surgen en medio de un impulso por revitalizar la industria del bloque.
Los ministros de medio ambiente de los 27 países de la unión celebrarán una reunión clave el próximo 4 de noviembre. La Comisión ha planteado una reducción de emisiones del 90% para 2040 en comparación con los niveles de 1990, un hito importante hacia el objetivo de alcanzar la neutralidad de carbono una década más tarde. Sin embargo, países como Polonia y la República Checa consideran que esta meta es irrealizable y están pidiendo concesiones, lo que ha llevado a Bruselas a perder la fecha límite para presentar un plan de reducción de emisiones vinculado a 2035 ante la ONU.
Perspectivas y desafíos en la UE
Los firmantes del Acuerdo de París debían presentar sus objetivos actualizados para 2035 antes de la COP30, que comenzará en Brasil el 10 de noviembre. A pesar de ello, Bruselas todavía espera tener algo que mostrar para la cumbre. Mientras tanto, ha propuesto un compromiso no vinculante que establece una intención de recortar emisiones entre un 66,25% y un 72,5%, aunque esto se considera insuficiente para cumplir con las obligaciones del tratado de París, lo que ha generado críticas sobre la postura de la UE como líder en la acción climática global.
Para intentar romper el estancamiento, los líderes de la UE discutieron el asunto en una cumbre celebrada en Bruselas el 23 de octubre, donde instaron a la Comisión a incluir una cláusula de revisión en su propuesta de 2040 para permitir ajustes en el futuro y a permitir que los países cuenten con un «nivel adecuado» de créditos de carbono para cumplir con sus objetivos. El uso de créditos de carbono es uno de los dos puntos conflictivos en las negociaciones, según Neil Makaroff, del think tank Strategic Perspectives.
El otro tema problemático son los sumideros de carbono, con países como Francia presionando para evitar objetivos vinculantes, preocupados por la degradación de los bosques y otros absorbentes de emisiones. Además, un plan de la Comisión para revisar el sistema de comercio de emisiones también ha resultado divisivo.
La UE, que solo es superada por China, Estados Unidos e India en términos de gases de efecto invernadero, ha sido el principal defensor de la acción climática entre los grandes contaminadores, habiendo ya reducido sus emisiones en un 37% en comparación con 1990. Junto a sus Estados miembros, es el mayor proveedor de financiación climática del mundo, con 31.700 millones de euros movilizados en 2024. Esto ha permitido a la UE presentarse como un líder global en la acción climática, en un contexto donde Estados Unidos se encuentra en un retroceso.
Sin embargo, las tensiones entre el deseo de la UE de desempeñar un papel destacado en la lucha contra el cambio climático y la necesidad de impulsar su economía han ido en aumento. Un número creciente de capitales, en un bloque que se inclina cada vez más a la derecha, ha mostrado receptividad a los argumentos de la industria que claman por mayor flexibilidad para recuperar competitividad frente a China y Estados Unidos. Por ejemplo, Alemania se ha opuesto a una prohibición de 2035 sobre nuevos vehículos de combustión interna, en respuesta a las preocupaciones de muchos en la industria automotriz.
Por otro lado, los defensores del medio ambiente argumentan que una acción climática audaz es esencial para evitar las peores consecuencias del aumento de las temperaturas, atraer inversiones y convertir a Europa en una potencia tecnológica verde.
