El rey emérito Juan Carlos I ha defendido su papel en la transición democrática de España y ha expresado su respeto hacia el dictador Francisco Franco, en una serie de entrevistas publicadas por medios franceses como ‘Le Monde’ y ‘Le Figaro’. Estas declaraciones coinciden con el lanzamiento de sus memorias, «Reconciliación. Memorias. Juan Carlos I de España», que se publicarán esta semana en Francia y a principios de diciembre en España.
En sus memorias, Juan Carlos sostiene que la democracia española «no cayó del cielo» y que él mismo fue un impulsor desde el principio. Lamenta las «debilidades» que le llevaron a cometer errores durante su reinado, errores que, según él, acabaron distanciándolo de su familia. En el marco del 50 aniversario de la muerte de Franco y de su proclamación como rey, el exmonarca busca recordar a las nuevas generaciones el coste de la libertad y lamenta que, en su opinión, «el espíritu de la transición se ha perdido».
En relación con Franco, Juan Carlos ha descrito su relación como compleja, manifestando un sentimiento «paternal» hacia el dictador. «Lo respetaba enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político. Gracias a él fui rey», admite. Según el rey emérito, Franco lo designó como su sucesor con la intención de crear un régimen más abierto, y nunca permitió que se hablara mal del dictador en su presencia.
Sobre el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981, Juan Carlos niega cualquier simpatía hacia los rebeldes y expresa su sensación de traición por parte de su amigo cercano, el general Alfonso Armada, a quien acusa de convencer a otros generales de que hablaba en su nombre. El exmonarca sostiene que hubo «tres golpes»: el de Antonio Tejero, el de Armada y el de ciertos políticos cercanos al franquismo.
En la transición, destaca su decisión de legalizar el Partido Comunista en 1977, un proceso que negoció incluso con el entonces presidente de Rumanía, Nicolae Ceaușescu, para contactar a Santiago Carrillo. «Era una época en la que la izquierda respetaba las instituciones», subraya.
Además, Juan Carlos I aborda su relación con su familia, revelando que su hijo, el actual rey Felipe VI, intentó disuadirlo de escribir el libro. Se lamenta de la frialdad que ha marcado su relación desde su salida a Abu Dhabi en 2020, confesando que ha sufrido por la insensibilidad de su hijo. Esta distancia familiar se acentúa con su relación tensa con la reina Letizia, a quien culpa de no haber ayudado a la cohesión familiar. Por otro lado, expresa su afecto hacia su esposa, la reina Sofía, aunque lamenta que no lo haya visitado en los Emiratos. También menciona su escaso contacto con sus nietos, salvo con Froilán, quien reside con él, y admite sentir un «dolor por un sentido de abandono».
El exmonarca reconoce abiertamente haber cometido errores y «debilidades», citando como un «grave error» haber aceptado un regalo de 100 millones de dólares del rey Abdullah de Arabia Saudí en 2008. «No supe cómo rechazarlo», confiesa, aunque enfatiza que todos los procesos legales relacionados han sido cerrados. También se arrepiente de su viaje a Botsuana en 2012, describiéndolo como «distante y costoso» en un momento crítico para el país.
Desde su exilio, Juan Carlos I expresa su añoranza por España y su esperanza de regresar algún día. «Estoy resignado, pero herido por un sentido de abandono. Echo de menos mi hogar», escribe el rey emérito, quien concluye con una confesión íntima: «Dediqué mi vida a dar libertad al pueblo español al establecer la democracia, pero nunca pude disfrutar de esa libertad para mí mismo».
