Un nuevo hallazgo en el estudio de las supernovas
La reciente investigación sobre una explosión cósmica que marcó la violenta muerte de una estrella masiva ha desafiado las nociones establecidas acerca de la relación entre los desechos expulsados y la materia circundante en estos eventos. La supernova en cuestión, designada como SN 2024bch, se localiza a unos 65 millones de años luz de la Tierra y fue observada por primera vez en febrero de 2024. Clasificada como una supernova de tipo II, esta explosión ocurre cuando la fusión nuclear cesa en el núcleo de hierro sólido de una estrella masiva, provocando su colapso y el envío de ondas de choque a las capas exteriores de la estrella, lo que resulta en su eyección.
Históricamente, los científicos han asumido que cuando la eyección estelar choca violentamente con el denso gas circundante, conocido como medio circumestelar, se generan líneas de emisión estrechas en el espectro de luz de las supernovas de tipo II. Sin embargo, SN 2024bch ha demostrado ser «antisocial», ya que la materia eyectada parece no interactuar de manera violenta con la capa de gas circundante, a pesar de que las líneas de emisión estrechas siguen siendo evidentes en su espectro. El equipo de investigación, proveniente del Instituto Nacional de Astrofísica (INAF), estudió esta supernova durante 140 días utilizando telescopios terrestres y la sonda Swift, logrando identificar estas características espectrales.
Los investigadores sugieren que la energía liberada en SN 2024bch no proviene de la mezcla de materia eyectada con el gas denso, sino de un mecanismo diferente denominado fluorescencia de Bowen. Este fenómeno, conocido desde la primera mitad del siglo XX, implica que la intensa luz ultravioleta de la supernova excita los átomos de helio circundantes, los cuales transfieren energía a otros elementos como el oxígeno y el nitrógeno presentes en el entorno de la estrella moribunda. Esta transferencia de energía es la responsable de las líneas espectrales estrechas observadas por el equipo. Este descubrimiento podría obligar a los científicos a replantear los modelos de supernovas de tipo II, lo que afectaría la forma en que estas explosiones cósmicas se consideran como fuentes de neutrinos, partículas prácticamente sin masa que viajan a través del espacio a velocidades cercanas a la de la luz. El estudio ha sido aceptado para su publicación en la revista ‘Astronomía y Astrofísica’.
