La incertidumbre y la represión en Irán
Irán atraviesa un periodo de intensa agitación social. Desde el 28 de diciembre de 2025, las manifestaciones han estallado en diversas ciudades, desde Teherán hasta regiones menos accesibles como Kurdistán y Sistán y Baluchistán. Estas protestas, que se originaron en el Gran Bazar de la capital en respuesta a la inflación descontrolada, la devaluación del rial y las constantes interrupciones en el suministro de agua y electricidad, han evolucionado rápidamente en un desafío directo al régimen de los ayatolás y al líder supremo, Ali Jamenei. Esta revuelta se considera la más significativa desde las protestas de 2022 por la muerte de Mahsa Amini.
La respuesta del gobierno ha sido severa. Las fuerzas de seguridad, incluidas las unidades de la Guardia Revolucionaria, han utilizado armas de fuego contra los manifestantes. Testimonios que han logrado salir del país gracias a conexiones satelitales indican que los hospitales están desbordados y que se reportan ejecuciones sumarias en espacios públicos. Según la cadena de noticias por satélite Iran International, al menos 2.000 personas habrían perdido la vida en un periodo de 48 horas, lo que se califica como «matanzas masivas» y la represión más violenta desde la Revolución Islámica de 1979. Sin embargo, estas cifras aún no han sido corroboradas de manera independiente por organizaciones de derechos humanos debido a la censura y a un corte casi total de internet que comenzó el 8 de enero.
El régimen ha descalificado a los manifestantes, tildándolos de «terroristas» y «agentes del enemigo», refiriéndose directamente a Estados Unidos e Israel. El fiscal general ha advertido que participar en las protestas puede ser considerado un acto de «enemistad contra Dios», con la pena de muerte como posible condena. Mientras tanto, en las calles, los gritos de «muerte al dictador» y las solicitudes de retorno de la monarquía se vuelven cada vez más audibles. La comunidad internacional observa con preocupación, con figuras como Donald Trump advirtiendo sobre posibles acciones contundentes si la violencia persiste, y la Unión Europea demandando el fin de la represión. Irán se encuentra, por tanto, en una encrucijada histórica, en un contexto donde la población ha decidido hacer oír su voz frente a un régimen que parece cada vez más acorralado.
