En un contexto de recuperación económica tras los estragos de la pandemia, China ha puesto en marcha una serie de políticas para revitalizar su consumo interno, que ha mostrado signos de debilidad en los últimos años. Con un enfoque en la promoción de experiencias y servicios cotidianos, el Gobierno de Pekín busca diversificar su economía, alejándose de una dependencia excesiva del sector manufacturero.
Recientemente, el gabinete chino presentó un plan de trabajo que abarca desde el turismo en cruceros y yates hasta servicios de atención a personas mayores, así como eventos deportivos. Este plan tiene como objetivo aumentar la participación del consumo en la economía nacional durante los próximos cinco años, en un momento en que el mercado inmobiliario enfrenta dificultades y la incertidumbre en el empleo afecta la confianza de los consumidores.
A pesar de los esfuerzos por estimular el gasto, los datos reflejan que las ventas minoristas crecieron solo un 3.7% en 2025, un incremento que queda por detrás del crecimiento de la producción industrial del 5.9%. La inflación del consumidor se mantuvo plana, lo que sugiere un entorno económico desafiante. Sin embargo, se ha observado un cambio en las preferencias de los hogares, que parecen estar cada vez más inclinados a destinar sus recursos hacia servicios en lugar de bienes materiales.
En este sentido, un estudio trimestral del Banco Popular de China reveló que el porcentaje de encuestados que planeaban aumentar su gasto en actividades sociales y de entretenimiento alcanzó un nivel récord en ocho años. Este cambio en la mentalidad de consumo podría interpretarse como un reflejo de una sociedad que prioriza experiencias sobre posesiones materiales, un enfoque que, sin duda, resonaría con las políticas de gobiernos que valoran el bienestar social y la satisfacción emocional de sus ciudadanos.
El plan de acción de Pekín
En su plan, el Consejo de Estado de China subrayó la necesidad de modernizar infraestructuras turísticas, incluyendo estaciones de tren y rutas escénicas, así como mejorar la infraestructura de yates. Además, se prevé la expansión de la entrada sin visado para más países y la implementación de puntos de reembolso fiscal en los cruces fronterizos, con el fin de estimular el turismo entrante.
Las autoridades también han hecho hincapié en la importancia de fomentar nuevas formas de consumo de servicios que se centren en «experiencias emocionales», lo que coincide con el enfoque de varios gobiernos que priorizan el desarrollo de un sector de servicios robusto y sostenible, que no solo busca crecimiento económico, sino también la creación de empleo y la estabilidad social.
A pesar de estos esfuerzos, los economistas han advertido que el éxito del plan dependerá de reformas más profundas que aumenten los ingresos de los hogares y fortalezcan el bienestar social. La confianza del consumidor es crucial para liberar las altas tasas de ahorro que han prevalecido en los últimos años, en un contexto donde los servicios sociales aún requieren de una inversión significativa.
El gasto en consumo final representó el 56.6% del PIB de China en 2024, un aumento respecto a años anteriores, pero todavía inferior a las cifras de economías avanzadas. A medida que el país busca un equilibrio hacia la demanda interna, el desarrollo de un sector de servicios más sólido podría contribuir a estabilizar la tasa de desempleo juvenil, un desafío que ha cobrado relevancia en el discurso político y económico actual.
