EE UU deniega visados a activistas europeos en un contexto de tensiones por la regulación de las grandes tecnológicas
La reciente decisión del gobierno estadounidense de denegar la entrada a cinco ciudadanos europeos ha desatado un intenso debate sobre la libertad de expresión y la regulación de las grandes plataformas digitales. Clare Melford, directora del Global Disinformation Index, fue una de las afectadas, recibiendo un correo electrónico el 23 de diciembre que cambiaba el estatus de su visado de “aprobado” a “pendiente”. En un tuit, la subsecretaria de Estado, Sarah B. Rogers, la acusó de formar parte de un grupo que busca censurar y desmonetizar puntos de vista en el ámbito estadounidense. Melford, que aún no ha decidido si tomará acciones legales, expresó su sorpresa y preocupación por ser señalada públicamente en un momento tan delicado como las festividades de fin de año.
Entre los otros afectados se encuentra Thierry Breton, excomisario europeo de Mercado Interior y Servicios Digitales. Breton ha sido señalado como uno de los principales arquitectos del Reglamento de Servicios Digitales (DSA), una normativa de la Unión Europea que busca regular a las grandes tecnológicas y garantizar la transparencia en sus operaciones. La administración estadounidense ha justificado estos vetos como una respuesta a lo que consideran la “censura” impuesta por la UE a plataformas como Twitter e Instagram, que han sido objeto de críticas por su manejo de contenido desinformativo y discurso de odio.
La situación ha generado una serie de reacciones en Europa, donde se interpreta este veto como un ataque a la soberanía regulatoria de la UE. El Parlamento Europeo ha calificado la decisión de la Casa Blanca como una “personalización inaceptable” de las políticas comunitarias, lo que podría sentar un precedente peligroso para la independencia de las instituciones europeas. Activistas como Imran Ahmed, director del Center for Countering Digital Hate, han denunciado que estas acciones buscan silenciar investigaciones que documentan el aumento de contenidos perjudiciales en redes sociales. La tensión entre EE UU y Europa sobre la regulación de las plataformas digitales continúa creciendo, reflejando un conflicto más amplio sobre la libertad de expresión y el control de la información en la era digital.
