La reciente decisión de Irán de cerrar el estrecho de Ormuz ha generado una ola de reacciones en los mercados energéticos globales, con un impacto particularmente agudo en Asia. La advertencia de un alto comandante de la Guardia Revolucionaria Iraní sobre la prohibición de tránsito por esta vía, crucial para el comercio de petróleo, ha encendido las alarmas en un contexto ya de por sí tenso.
El estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el mar de Omán, es un paso vital para el comercio de crudo, con aproximadamente 13 millones de barriles de petróleo fluyendo a través de él cada día, lo que representa el 31% del total del transporte marítimo de crudo a nivel mundial. La posibilidad de un cierre prolongado podría provocar un aumento significativo en los precios del petróleo, alcanzando e incluso superando los 100 dólares por barril, un escenario que algunos analistas ya comienzan a prever.
Además del petróleo, el cierre del estrecho también amenaza aproximadamente el 20% de las exportaciones globales de gas natural licuado (GNL), particularmente aquellas que proceden de Qatar. Este país, uno de los mayores proveedores de GNL del mundo, ha detenido su producción tras ataques registrados en sus instalaciones industriales por parte de drones iraníes. El impacto en Asia es inmediato, con países como Tailandia, India, Corea del Sur y Filipinas expuestos a una subida de precios que podría resultar devastadora para sus economías.
Impacto en Asia: Consecuencias y vulnerabilidades
En el caso de Asia del Sur, la situación es crítica. Pakistán y Bangladés dependen casi en su totalidad de las importaciones de GNL de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, lo que los hace especialmente vulnerables a cualquier interrupción en el suministro. Con un déficit de gas estructural ya significativo, se preve que estos países enfrentarían dificultades extremas en su sector energético.
Por otro lado, India, que importa más de la mitad de su GNL del Golfo Pérsico, se enfrenta a un doble golpe: el aumento de los precios del crudo y del GNL podría agravar la presión sobre su cuenta corriente, ya que alrededor del 60% de sus importaciones de petróleo provienen de la región. La combinación de estos factores crea un choque físico y financiero que podría ser devastador para su economía.
China, aunque también expuesta, tiene un margen de maniobra mayor gracias a sus reservas y a la diversificación de sus fuentes de suministro. Sin embargo, la competencia por el GNL en otras regiones podría intensificar la presión sobre los precios en el continente asiático. A pesar de ser el mayor importador de crudo del mundo y de depender en gran medida del petróleo iraní, China podría gestionar mejor la crisis si se producen interrupciones en el suministro.
Japón y Corea del Sur, que obtienen alrededor del 75% y el 70% de sus importaciones de petróleo del Medio Oriente, respectivamente, también enfrentarán consecuencias significativas. Aunque su exposición al GNL de la región es menor, cualquier aumento de precios afectará su economía, que ya se muestra vulnerable en un contexto de alta dependencia energética.
Por último, en el sudeste asiático, el impacto inmediato se manifestará en la inflación de costos. Países como Tailandia, que ya enfrenta un desafío considerable en su cuenta corriente debido a su alta dependencia de las importaciones de petróleo, podrían ver cómo un aumento del 10% en los precios del petróleo afecte negativamente su PIB.
