En un contexto de creciente tensión en Oriente Medio, los Emiratos Árabes Unidos están considerando la posibilidad de restringir el acceso de Irán a miles de millones de dólares que se encuentran en su territorio. Según un informe del Wall Street Journal, esta medida podría tener un impacto significativo en la economía iraní, ya debilitada por las sanciones y los constantes enfrentamientos con Estados Unidos e Israel.
Las autoridades emiratíes han advertido a sus homólogos iraníes sobre la posibilidad de esta acción, aunque aún no se ha tomado una decisión definitiva. Este movimiento refleja un cambio en la política de los Emiratos, que históricamente han intentado equilibrar su alianza estratégica con EE. UU. y su relación con Irán. Sin embargo, los recientes ataques iraníes contra el territorio emiratí parecen haber llevado a una reevaluación de esta postura.
La ciudad de Dubái ha servido como un importante corredor financiero para empresas e individuos iraníes que buscan eludir las sanciones occidentales, facilitando la venta de petróleo y el desvío de fondos hacia programas militares y proxies en la región, según un estudio del Atlantic Council. A través de la creación de empresas ficticias en las extensas zonas francas de Dubái, se han ocultado durante años los orígenes de petróleo y otras mercancías iraníes, mientras que casas de cambio informales han permitido el movimiento de capitales fuera del alcance de la supervisión bancaria convencional.
El gobierno de EE. UU. ha estado presionando a los Emiratos Árabes Unidos para que desmantelen estas redes, imponiendo sanciones a entidades con sede en el país en los últimos años. Las autoridades estadounidenses han señalado que la aplicación de estas sanciones dentro de los Emiratos no ha estado a la altura de los compromisos declarados por el país.
El impacto de los ataques iraníes
Como parte de su represalia contra el ataque conjunto de EE. UU. e Israel, Irán ha lanzado más de 1,000 drones y misiles contra objetivos en los Emiratos Árabes Unidos, afectando infraestructuras clave como el aeropuerto internacional de Dubái y zonas residenciales y turísticas. A pesar de estos ataques, los funcionarios emiratíes han reafirmado su compromiso de mantener una postura defensiva, evitando involucrarse en acciones militares contra Irán. Este enfoque se alinea con su «política de buena vecindad, desescalada y firme compromiso con la Carta de las Naciones Unidas», según declaraciones del Ministerio de Relaciones Exteriores emiratí.
La inquietud generada por estos ataques ha afectado a la comunidad empresarial expatriada y a los inversores internacionales, un sector que Dubái ha cultivado durante décadas proyectando estabilidad en una región volátil. En este contexto, las autoridades emiratíes están considerando una serie de posibles medidas de contrarresto, que incluyen congelamientos de activos dirigidos a empresas ficticias con sede en los Emiratos y una amplia represión financiera sobre los intercambios de moneda local, que son fundamentales para el sistema financiero que apoya a Irán.
