Sudán conmemora este mes tres años desde el estallido de una guerra que ha desembocado en una de las crisis humanitarias más graves de las últimas décadas. Este conflicto se ha caracterizado por la internacionalización del enfrentamiento, el aumento de la violencia contra la población civil y la falta de cualquier avance hacia un acuerdo de paz. La contienda comenzó el 15 de abril de 2023, tras meses de tensiones entre las Fuerzas Armadas, lideradas por Abdelfatá al Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), bajo el mando de Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como ‘Hemedti’. Las disputas surgieron principalmente por intentos de integrar a las RSF en el Ejército y por diferencias en la distribución del poder en el país.
El trasfondo de esta crisis se sitúa en una transición política frágil que se inició con el derrocamiento del presidente Omar Hasán al Bashir en 2019, después de semanas de protestas por la crisis económica. El camino hacia un gobierno civil, que contaba con Abdalá Hamdok a la cabeza, se vio obstaculizado por la injerencia militar constante. Hamdok fue destituido en un golpe de Estado nuevamente liderado por Al Burhan, aunque fue restituido brevemente antes de dimitir ante la presión social y la represión de las protestas. Esta situación provocó un aumento de las tensiones sociales y las ambiciones de poder de ambos líderes, llevando al país a un punto crítico, en el que la población civil se encuentra atrapada en el fuego cruzado.
Los orígenes del conflicto son profundos y se remontan a décadas de inestabilidad. Las RSF provienen de las milicias ‘yanyauid’, que fueron utilizadas durante el régimen de Al Bashir en la guerra de Darfur, que comenzó en 2003 y estuvo marcada por graves violaciones de derechos humanos. Sudán ha sufrido numerosas guerras civiles desde su independencia en 1956, incluido el conflicto que llevó a la independencia de Sudán del Sur en 2011. Las desigualdades estructurales, las tensiones étnicas y la distribución desigual de recursos han alimentado la inestabilidad del país. Desde el inicio del conflicto, las RSF han sido acusadas de perpetrar masacres y atrocidades, mientras que el Ejército ha recuperado control en algunas áreas. La internacionalización del conflicto ha añadido complejidad a la situación, con acusaciones de apoyo militar a ambos bandos por parte de actores externos. A pesar de varios intentos de mediación, no se han logrado avances significativos hacia una solución pacífica, y la falta de voluntad de compromiso entre las partes sugiere que el horizonte de paz sigue siendo incierto.
