En el contexto actual, Gran Bretaña enfrenta una crisis energética que evoca recuerdos de los años setenta, cuando el país sufrió graves escaseces de alimentos y combustible, así como una semana laboral impuesta de tres días. La situación se ha visto agravada por el aumento de los precios de la energía, que ha impactado tanto a consumidores como a empresas.
Impacto en la economía británica
A pesar de que el Oficio de Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido ha señalado que la intensidad energética del PIB ha disminuido en un 70% desde la década de 1970, la realidad es que el aumento de los precios de la energía está teniendo un efecto devastador en la economía. Aunque Gran Bretaña cuenta con producción nacional de petróleo y gas, la realidad del alto costo de la electricidad, que supera a la de muchos de sus pares europeos, ha generado un escenario complicado.
Según la Agencia Internacional de Energía, el precio promedio por megavatio hora en el Reino Unido alcanzó los $110.56 en abril, en comparación con $26.48 en Estados Unidos y precios significativamente más bajos en países como Francia y Alemania. La estructura de precios, basada en un sistema de «precio marginal», ha sido criticada, ya que permite que el costo más alto de la energía determine el precio para todos los generadores, lo que en este caso se ha visto dominado por el gas natural.
Las empresas de energía intensiva, como Denby Pottery, han tenido que cerrar operaciones debido a los altos costos de energía y mano de obra. Por su parte, el gobierno británico ha tenido que destinar más de un millón de libras al día para mantener a British Steel, el último productor de acero virgen del país, en funcionamiento.
El impacto también se siente en los hogares. Según datos de Ofgem, se estima que los consumidores británicos deben más de 4.4 mil millones de libras a los proveedores de energía, con un cuarto de los hogares en mora. Este aumento de la deuda energética se traduce en mayores costos para todos los consumidores, ya que los proveedores pueden trasladar parte de estas pérdidas a sus tarifas.
Con el costo de la energía impulsando la inflación, se prevé que los precios de los alimentos en el Reino Unido puedan aumentar hasta un 50% en comparación con 2021, lo que pone en riesgo el consumo en el futuro próximo. Este panorama ha llevado a minoristas a emitir advertencias sobre sus beneficios, reflejando una tendencia preocupante en el mercado.
