A medida que los inversores expresan su preocupación por el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el mercado laboral, se observa un cambio en las estrategias de inversión hacia sectores que, aparentemente, son menos susceptibles a la disrupción tecnológica. Este fenómeno ha dado lugar al denominado «comercio HALO», que se traduce en «activos pesados, baja obsolescencia». Este término fue acuñado por Josh Brown, cofundador y director ejecutivo de Ritholtz Wealth Management, quien sugiere que la búsqueda de compañías inmunes a la IA se ha convertido en una de las tendencias de inversión más relevantes del año.
Inversión en Activos Resilientes
Firmas de renombre como Goldman Sachs y Morgan Stanley han incorporado la estrategia HALO en su investigación de inversiones para 2026, destacando cómo estas acciones han mostrado un rendimiento notable. Según Brown, empresas como FedEx y ExxonMobil han visto incrementos cercanos al 30% desde el inicio del año, mientras que Coca-Cola ha crecido alrededor de un 17%.
Los stocks identificados como HALO comparten dos características esenciales, según Dave Mazza, CEO de Roundhill Investments, quien recientemente lanzó un ETF basado en esta temática. Estas empresas requieren activos físicos significativos para generar ingresos y son duraderas en el tiempo. Aunque la IA puede transformar la manera en que se lleva a cabo el trabajo en estas compañías, no elimina la necesidad de empleo en ellas. Por ejemplo, la electricidad debe fluir y los bienes deben ser producidos, lo que subraya la relevancia de estos sectores.
El nuevo ETF de Roundhill, que lleva el símbolo LOHA, se centra en las empresas más grandes de EE. UU. que poseen un valor enfocado en activos físicos e infraestructuras que la IA no puede reemplazar, abarcando sectores que van desde la industria hasta el transporte y la minería. Brown, en una reciente aparición en CNBC, enfatizó que «no hay nada que se pueda escribir en un modelo de lenguaje que cambie lo que hacen, al menos no de manera negativa». Esta afirmación resuena con la creciente necesidad de identificar fuentes de inversión que no solo sean resistentes a las disrupciones tecnológicas, sino que también se beneficien de ellas.
El ETF LOHA incluye en sus principales participaciones a empresas como Cummins, AutoZone, y TFI International, entre otras, cuya historia y estabilidad en el mercado son notables. Brown menciona que algunas de estas compañías tienen más de 100 años de historia, lo que refleja un contraste interesante con otras empresas del mercado que, como Adobe y Salesforce, han visto caer sus valores debido a la incertidumbre respecto a su exposición a la IA.
En este contexto de inversión, Roundhill ha tenido un éxito rotundo con el lanzamiento de su ETF de Memoria, que alcanzó los 9.800 millones de dólares en activos en tan solo 43 días, destacándose como el ETF que más rápido ha crecido en la historia. Mazza argumenta que la creación de un ETF no necesariamente indica el final de una tendencia, sino que, por el contrario, puede desbloquear el potencial para que los inversores accedan a acciones que antes no estaban disponibles.
La nueva estrategia basada en el tema HALO no debe interpretarse como un rechazo a la IA, sino como una forma de mantenerse invertido en un mundo que está siendo transformado por esta tecnología. «No debemos invertir en las empresas más susceptibles a la disrupción. Busquemos las compañías que son resistentes a la IA», concluye Brown, marcando un camino hacia la inversión responsable y consciente.
