El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha imputado al exlíder cubano Raúl Castro por su supuesta implicación en el derribo de dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate en febrero de 1996, un ataque que resultó en la muerte de cuatro pilotos cubanoamericanos en aguas internacionales. Esta acusación, presentada en Miami por fiscales federales, convierte a Castro en el dirigente cubano de mayor rango procesado criminalmente por Estados Unidos desde la Revolución de 1959. Las autoridades estadounidenses sostienen que el entonces ministro de Defensa cubano autorizó o coordinó la operación militar llevada a cabo por cazas MiG de la Fuerza Aérea de Cuba.
La investigación indica que las aeronaves derribadas no representaban una amenaza militar y estaban fuera del espacio aéreo cubano en el momento del ataque, tal y como determinó anteriormente la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Esta imputación también reaviva el interés internacional en las relaciones políticas que varios dirigentes europeos han mantenido con el régimen cubano en las últimas décadas. Entre ellos se encuentra el expresidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien mantuvo encuentros y una relación de diálogo con Raúl Castro durante sus visitas oficiales y contactos diplomáticos con La Habana.
Zapatero ha defendido en múltiples ocasiones la importancia del diálogo con Cuba y ha participado en encuentros con líderes del régimen, una postura que le ha generado críticas desde sectores del exilio cubano y de la oposición venezolana, quienes le reprochan su cercanía política con gobiernos afines al chavismo y al castrismo. Por su parte, el Gobierno cubano ha reaccionado ante la acusación estadounidense, calificándola de «provocación política» y acusando a Washington de aumentar la presión sobre la isla en medio de la crisis económica y energética que enfrenta el país.
