La reciente ralentización en la inversión de capital en el sector tecnológico chino ha puesto de manifiesto las complejidades que enfrenta Pekín en su intento por desafiar la hegemonía tecnológica de Estados Unidos. En un movimiento significativo, varias administraciones locales han sido instadas a revelar sus vínculos financieros con empresas emergentes como Dreame Technology, líder mundial en la fabricación de aspiradoras robóticas. Este cambio en la política destaca el esfuerzo del gobierno central por equilibrar el apoyo a la innovación con la necesidad de evitar el despilfarro fiscal y los riesgos crediticios.
Las autoridades locales, en un intento por atraer inversiones, han adoptado un modelo de co-inversión que ha llevado a una competencia desenfrenada entre regiones, generando un desperdicio considerable de recursos. Dan Wang, director de Eurasia Group en China, señala que esta carrera por atraer empresas puede resultar en una mala asignación de recursos, lo que podría poner en riesgo las finanzas públicas del país.
La expansión de Dreame y el papel del capital estatal
Dreame, fundada en 2017, ha crecido rápidamente, diversificándose en sectores como vehículos eléctricos y tecnología de robots humanoides. Sin embargo, su expansión ha sido impulsada en gran medida por el capital estatal. Un fondo de capital de riesgo gestionado por la empresa tiene activos que ascienden a 41.600 millones de yuanes, de los cuales aproximadamente el 80% proviene de fondos gubernamentales locales. Esta dependencia del capital estatal plantea interrogantes sobre la sostenibilidad de su modelo de negocio y la capacidad de las administraciones locales para evaluar adecuadamente las inversiones.
La reciente decisión del Consejo de Estado de China de implementar nuevas directrices que restringen la creación de fondos de inversión por parte de los gobiernos locales es un intento por consolidar el control sobre la inversión en el sector tecnológico. Se espera que esta medida frene la proliferación de fondos duplicados y el capital desperdiciado, un fenómeno que ha caracterizado el enfoque de muchas ciudades chinas en la creación de empresas tecnológicas.
La estructura de financiamiento del gobierno, aunque criticada por su ineficiencia, ha permitido que algunas empresas tecnológicas chinas, como Nio y CXMT, se conviertan en campeones de la innovación. Sin embargo, este modelo también ha sido descrito como un enfoque de “spray and pray”, que produce un gran volumen de actividad económica a expensas de una alta tasa de fracaso. Este ciclo de movilización hacia prioridades nacionales y posterior corrección de rumbo refleja las realidades de la política industrial china, donde las ambiciones son vastas, pero los resultados pueden ser decepcionantes.
A medida que Pekín intensifica su control sobre la inversión, es probable que las administraciones locales enfrenten una presión creciente. Si se reducen los fondos de inversión en el nivel de condado, las opciones para impulsar el desarrollo económico se verán limitadas, lo que podría afectar la capacidad de estas regiones para competir en un mercado global en rápida evolución.
