Decenas de miles de antifascistas cercan el congreso de la ultraderecha en Erfurt

In Internacional, Portada2
julio 06, 2026

Erfurt se convirtió el pasado sábado en el epicentro de la mayor movilización antifascista del año en Alemania. Más de 31.000 personas —según cifras oficiales— respondieron al llamamiento de la alianza «Widersetzen» (Resistirse), sindicatos y partidos de izquierda para poner cerco al congreso nacional de Alternativa para Alemania (AfD), logrando que la ciudad de Turingia respirara durante horas un mensaje claro y unitario: aquí no hay espacio para el odio.

Desde primera hora de la madrugada, las calles y accesos a la capital regional se vieron desbordados por una marea ciudadana que, mediante sentadas pacíficas y bloqueos estratégicos en carreteras y autopistas, ralentizó al máximo la llegada de los 600 delegados ultraderechistas. Ocho activistas, además, llevaron la desobediencia civil un paso más allá al pegarse con pegamento a las vías del tranvía, una acción que simbolizó la determinación de un movimiento que no está dispuesto a normalizar el avance de la extrema derecha.

La jornada, que transcurrió de forma abrumadoramente pacífica, estuvo salpicada de carteles tan potentes como «Detengan a los nazis de AfD» y «Por la diversidad, contra los nazis», y contó con un ambiente festivo y combativo que ni siquiera los puntuales cargas policiales con porras y gas pimienta —sin detenciones— lograron empañar. «Impulsa políticas que benefician a los ricos, no a los ciudadanos comunes», recordaron los oradores desde la cabecera de la protesta.

El verdadero triunfo de la movilización, sin embargo, fue doble: por un lado, forzar a la AfD a cambiar su estrategia, adelantando la llegada de sus delegados varias horas ante el temor a quedar bloqueados, algo que evidencia el impacto real de la presión social. Por otro, tejer un mensaje histórico imbatible: la protesta coincidió con el centenario de la reunión nazi que consolidó a Hitler, y los manifestantes convirtieron esa fecha en un recordatorio vivo de que la memoria democrática se defiende en la calle. Los historiadores y la oposición política subrayaron la potencia simbólica de esta coincidencia, mientras la AfD, acorralada, se limitó a rechazar cualquier vinculación con el pasado.

Aunque el congreso pudo comenzar a tiempo —algo que no ocurrió en 2024 en Essen, donde las protestas lo retrasaron—, la movilización de Erfurt deja un precedente imborrable: la sociedad civil alemana ha demostrado que está despierta, organizada y dispuesta a plantar cara. Con un despliegue policial previsto para entre 35.000 y 50.000 personas, la asistencia final de 31.000 confirma que el antifascismo sigue siendo una de las fuerzas más vibrantes del país.

El mensaje final es claro: la AfD celebró su cónclave, pero lo hizo bajo el asedio moral y físico de una ciudadanía que no les concede ni un metro de tranquilidad.