Donald Trump ordenó este miércoles desde Ankara «cortar todo el comercio con España», pero la aritmética desarma la amenaza antes de nacer. Según los datos de comercio bilateral, Estados Unidos le vende a España cerca de 28.000 millones de euros al año y apenas le compra 18.000: un superávit de más de 10.000 millones que caería del lado equivocado para Washington. Quien cierra esa puerta no asfixia a España —que solo coloca en el mercado estadounidense el 4,9% de sus exportaciones, menos que Italia o Alemania—, sino que deja sin cliente a sus propios exportadores de gas natural licuado, bienes de equipo y productos farmacéuticos. A ello se suma un detalle que Trump parece pasar por alto: la política comercial no la negocia Madrid, sino Bruselas, porque desde 1993 los aranceles son competencia exclusiva de la UE. La amenaza, en resumen, apunta a España pero el gatillo mira hacia casa.
