Un nuevo estudio astronómico afirma que la Tierra podría salvarse de ser engullida cuando el Sol se agote

In Ciencia y Tecnología, Sociedad
julio 08, 2026

Un equipo de astrónomos liderado por Mats Esseldeurs, del Instituto de Astronomía de la KU Leuven (Bélgica), ha publicado un estudio que revisa las probabilidades de que la Tierra sobreviva a la fase de gigante roja del Sol, dentro de unos 5.000 millones de años. Utilizando modelos actualizados de interacción estrella-planeta, los investigadores concluyen que la fuerza de marea gravitatoria que el Sol ejercerá sobre la Tierra durante su expansión es más débil de lo que se creía. Esto permitiría que nuestro planeta migre hacia una órbita más lejana antes de que el Sol pierda la mitad de su masa, escapando así de ser engullido. El trabajo, aún no publicado en una revista revisada por pares, se presentó en la reunión anual de la Sociedad Astronómica Europea (EAS) en 2026.

El destino de la Tierra depende de un delicado equilibrio entre dos fuerzas opuestas: la fricción de marea —que tiende a acercar los cuerpos— y la pérdida de masa estelar. Cuando el Sol agote su hidrógeno nuclear, se hinchará hasta convertirse en una gigante roja, cuyo radio podría alcanzar la órbita actual de la Tierra. Durante ese proceso, la fricción de marea drena energía orbital, atrayendo a los planetas hacia el interior. Simultáneamente, el Sol expulsará sus capas externas mediante un intenso viento estelar, perdiendo aproximadamente el 46% de su masa actual. Esta pérdida reduce la atracción gravitatoria del Sol, permitiendo que los planetas supervivientes se desplacen hacia órbitas más amplias. Los modelos anteriores, basados en fórmulas de los años 60, sobrestimaban la eficacia de la fricción de marea. El nuevo estudio emplea un modelo de disipación viscosa dependiente de la estructura interna de la estrella, que predice una interacción de marea más débil. Así, mientras Mercurio y Venus serán inevitablemente engullidos, la Tierra y Marte podrían migrar lo suficientemente lejos como para orbitar alrededor de la futura enana blanca solar.

Más allá del interés astrofísico, este estudio ilustra cómo la actualización de modelos técnicos puede alterar drásticamente las predicciones sobre eventos cósmicos que afectan a la humanidad en su conjunto. La incertidumbre científica se desplaza ahora hacia la tasa de pérdida de masa del Sol en su fase final, un parámetro que solo podrá acotarse con observaciones de estrellas similares. Desde una perspectiva filosófica, el debate sobre la supervivencia de la Tierra nos recuerda que, aunque la tecnología humana no pueda modificar estos procesos, sí puede refinar nuestro conocimiento y preparar, quizá, estrategias de colonización interestelar a escalas de tiempo geológico. La transparencia en la comunicación de estas incertidumbres es crucial para evitar tanto el alarmismo como el optimismo infundado. La ciencia avanza corrigiendo sus propios sesgos, y este trabajo es un ejemplo de cómo la revisión de supuestos básicos puede reabrir preguntas que se daban por cerradas.