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Quizás, la última época de la humanidad comenzó en 1996 y lo hizo, como muchos de los otros grandes hitos de la historia reciente de la tecnología, en un garaje (o algo así) del estado norteamericano de California. El proyecto para la Universidad de Stanford, obra de Larry Page y Sergey Brin y que comenzó como una forma de buscar las propiedades matemáticas de la World Wide Web, acabó por triunfar. Y mucho. Tanto que ahora todo el mundo sabrá de qué se trata con solo decir Google.

La firma ahora radicada en su gigantesco cuartel general de Menlo Park, está siendo uno de los polos dinamizadores nás importantes del siglo XXI en un desarrollo brutal que, a la vez, no está exento de ciertas polémicas como la evasión de impuestos. Una historia fulgurante que es un poco un espejo del mundo actual y de sus modelos económicos preponderantes.

Y es que el famoso proyecto universitario de Page y Brin se ha convertido, en pocos años, en el mayor gigante de todo Internet y, probablemente, en la revolución tecnológica de la época contemporánea. Un proyecto que comenzó con un algoritmo de búsqueda en Internet y que a día de hoy engloba todo, prácticamente todo, en la red: desde gestoras de correo electrónico (Gmail), a navegadores (Chrome), mapas online (Google Maps) y una lista que no tiene fin. Y es que los últimos avances de Google ya son, más bien, de ciencia ficción, como las Google Glass, los coches automáticos, etc.

Pero es probable que el elemento que mejor representa la preponderancia de Google a día de hoy es la importancia supina que en el mundo, en todos y cada uno de los rincones, tiene el conocimiento del algoritmo del buscador de la compañía basada en Menlo Park. Y es que el controlar esta fórmula es, al fin y al cabo, como hacerse visible a día de hoy, mientras que si no cuentas para él, lo cierto es que eres invisible, no existes. La importancia mundial de la firma nacida de Stanford radica en que en la actualidad, su buscador decide quien importa y quien no, y saber trabajar con el algoritmo de Google es uno de los objetos más preciados a día de hoy en el márketing web.

Y es, a partir de esa preponderancia absoluta de su buscador sobre cualquier otro, sobre el que Google ha edificado su expansión hacia cualquier otro frente, y que le permite seguir combatiendo con compañías ya alejadas de su sector como, por ejemplo, Whatsapp. Para competir con la compañía por excelencia de mensajería instantánea, desde Menlo Park han anunciado la salida esta semana de Google Allo, una aplicación que además contará con el apoyo de la inteligencia artificial ya desarrollada por la firma durante los años anteriores.

En definitiva, Google continúa una expansión que cuenta con pocos rivales de su peso (Facebook, Apple) y que va camino de convertirlo en auténtico dueño y señor de la mayoría de las tierras en juego en el mundo tecnológico. Y lo mejor, lo hace sin dejar el tufo que las grandes compañías y monopolios de otras épocas dejaban a su paso, al estilo del azufre del demonio.

Pero, llegados a este punto, cabe preguntar. ¿Es Google una compañía realmente cool, como muchos han dado en pensar, o esto es simplemente un espejismo?

Evasiones de impuestos elevados a 100

Si el nombre de Google proviene de la representación fonética de como los norteamericanos podrían pronunciar la palabra ‘googol’, que se refiere al número 1 seguido de 100 ceros, es decir, 10 elevado a 100; un poco más o menos se podría decir de la cantidad de dinero del que se ha acusado a la compañía de evadir en forma de impuestos, un 1 con muchos ceros. Y es que, a las ya clásicas acusaciones de los países europeos respecto a este tema, durante la semana pasada se sumó una protesta: la de Indonesia. El país asiático acusó a Google de haber evadido 400 millones, habiendo pagado menos de un 0,1% de sus beneficios en el país.

Un pequeño borrón, el de los impuestos, que está emborronando lo que hasta ahora parecía un verdadero cuento de hadas.

David Unanue
Escritor galardonado, entrenador personal, experto en interculturalidad y profesor de oradores públicos.