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Últimamente están apareciendo en algunos medios generalistas, entrevistas o reportajes sobre la prostitución en las que, las señoras que son entrevistadas o prestan sus testimonios, nos hablan de las bondades de ser puta. Casualmente, siempre son las mismas.

El sistema hace bien su trabajo a nivel ideológico, el objetivo es el que es: ante la creciente crisis económica y los recortes que están por venir y que, redundarán en más pobreza, más precariedad laboral y menos ayudas sociales para los trabajadores y sobre todo, para las trabajadoras, la solución que el sistema nos ofrece a las mujeres es ser puta. Y te lo venden como una actividad libre, normalizada como la que se va a currar en la tienda de ropa o a fregar suelos, e incluso como algo bueno. Porque amigas, ¿quien no ha soñado de niña con ser puta?, o ¿quién no quiere que sus hijas lo sean?.

Ser prostituta no es un oficio, es la forma más abyecta de violencia de violencia de género, es el sumun de la cosificación de la mujer, reducida a un objeto de compra venta. Hay miles de testimonio de mujeres que han sido o son prostitutas, de dichos testimonios solo se desprende una cosa: sufrimiento. También nos dicen que igual de explotada se es en el cajero de un supermercado, pero en la prostitución es el propio cuerpo y la intimidad de una persona el objeto de comercio, la plusvalía sale de su carne, por no decir todos los riesgos derivados a la integridad física y mental que acechan en el mundo de la prostitución. Por tanto no, ser prostituta no es un oficio, porque si lo fuese, ¿como sería la cosa, cualquier proxeneta o club de alterne que se precie podría acudir al INEM reclamando trabajadoras para su negocio?, un día nos llamarían del INEM y nos dirían: tenemos un puesto para usted de puta que no puede rechazar. O ese día que pedimos cita para inscribirnos como demandante de empleo y nos pregunta el amable funcionario, ¿experiencia profesional? ¿domina la felación? ¿el griego?… todo muy normal. No olvidemos que la edad mínima para poder trabajar es a partir de los 16; toda una ventaja para una prostitución regulada, todo legal, menores ejerciendo la prostitución. Pasemos al siguiente estadio de esta hipotética regulación, ya una vez habiendo tenido la enorme “suerte” de ser la candidata ideal para el club de alterne, me imagino ese negocio con hojas de reclamaciones a disposición del cliente y como podrían ser las reclamaciones de los clientes.

El porcentaje de esas que llaman prostitutas libres, es tan ínfimo, que ponerlo sobre la mesa nos daría la risa si el asunto no fuese tan grave

La realidad es otra. La mayoría de estas mujeres bien fueron captadas por mafias que las engañaron y bajo amenazas y coacciones las prostituyeron, vivieron una infancia de abusos y violación por parte de familiares o amigos de estos que las llevaron irremisiblemente a la prostitución, o simplemente eran tan pobres que para que sus hijos y ellas no quedasen desamparados, no tuvieron más remedio que echarse a la calle. ¿Nos explican los regulacionistas donde queda la libertad aquí? Ya se lo decimos nosotras, la libertad aquí ni está ni se la espera. El porcentaje de esas que llaman prostitutas libres, es tan ínfimo que ponerlo sobre la mesa nos daría la risa si el asunto no fuese tan grave. Familias desestructuradas, malos tratos, abusos en la infancia, miseria, drogodependencias y demás, que suele ser el perfil de quienes eligen “libremente” dedicarse a esto de ser puta, de nuevo preguntamos, ¿dónde queda la libertad aquí?

Estar por la abolición de la prostitución no es volverle la espalda a las necesidades que tienen las prostitutas, es plantarle cara a la máxima explotación y violencia que se ejerce contra un ser humano y en concreto contra las mujeres que son las que mayoritariamente son utilizadas para este menester.

Asistimos, por otra parte totalmente estupefactas a como en algunos de esos llamados, “Ayuntamientos del cambio”, se pretende regular la prostitución aduciendo que es una profesión y que por tanto hay que darles derechos a los (aunque todos y todas sabemos que en una mayoría aplastante son “las”) que ejercen dicha actividad. Como feministas y comunistas, estamos ciertamente horrorizadas de que ayuntamientos que se autodenominan “del cambio”, no solo no cambien nada en este aspecto si no que además lo promocionen y asuman enteramente los valores dominantes más neoliberales, casi como si los engullesen con un embudo o directamente se los inyectasen en vena.

La actriz porno Amarma Miller, declarada votante de Podemos y que hasta hizo campaña por ellos en las generales totalmente desnuda y con un logo del partido tapando sus genitales, hace poco estuvo en el salón del porno de Barcelona y nos hablaba en una entrevista de lo hipócritas que somos los que estamos contra el porno, y relataba su experiencia en dicho campo, aduciendo que a ella le había ido muy bien y que a fin de cuentas había demanda de multitud de pajilleros y puteros a los que satisfacer, excusa más que de sobra para mantener y promocionar dichos “sectores” Curioso que en aquella cita en el salón del porno, desde donde nos daba su opinión, la señora Miller publicitase un prostíbulo llamado Apricots. Algunas que somos muy dadas a pensar mal, sospechamos que dichas voces, entrevistas y apariciones en medios, lo que llevan detrás es el patrocinio de empresas como la ya nombrada, para que al calor de la crisis, las mujeres acudamos en masa a prestar nuestros servicios sexuales a los sanos hijos del patriarcado, que precisan de mujeres las 24h.

Capitalismo y patriarcado, siempre de la mano, un combo inseparable y doblemente opresor para nosotras, las mujeres. Por eso no comprendemos que algunos de esos “ayuntamientos del cambio” como Barcelona, comandado por la señora Ada Colau, estén a favor de regular la prostitución y de promocionar actividades como el salón del porno, porque que no suponen en este aspecto ningún cambio respecto de sus predecesores. Como comunistas y feministas pensamos que lo que representaría de verdad un cambio en este sentido es que se comenzase de una vez a usar el poder que se tiene en dichas instituciones para crear hegemonía ideológica en estos aspectos. El cambio sería que se dejase de considerar a las mujeres como objetos de compra venta y se trabajase y legislase por la abolición. En estos tiempos tan modernos, más que modernos, donde la modernidad caduca al día siguiente, se somete a duda cualquier certeza de largo recorrido y evidencias, nos presentan a revisión tales certezas y nos las envuelven en un celofán de extrañas libertades. Ahora nos dicen que eso de ser puta se elige libremente, que una se levanta una mañana y entre esa multitud de opciones que te ofrece la vida, con tus circunstancias, la más gratificante es esa.

El feminismo moderno ha asumido los valores más neoliberales y por ello no es nada incómodo para el patriarcado y el capitalismo, pues no cuestiona la raíz del problema, la explotación

Parece que el feminismo moderno, ha asumido los valores más neoliberales y por ello no es nada incómodo para el patriarcado y el capitalismo, pues no cuestiona la raíz del problema, la explotación, que es además doble para nuestro caso, pues es laboral y sexual. Las comunistas, por el contrario, pensamos seguir dando esta batalla en todos aquellos frentes en los que estemos presentes con un mensaje muy claro: no puede haber cambio político ni mucho menos de sistema si no incidimos en este tema, la prostitución no es un oficio, es un ejercicio de poder sobre las mujeres, poder económico y poder sexual y de dominación.

Donde algunos ven libertades, lo que se ven son libertades de oprimir y es que ser puta no se ejerce, se padece.

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Ingrid Y. e Isabel R.

Ingrid Y. e Isabel R. ambas militantes del Partido Comunista de España, y miembros de la Asamblea Político y Social de Izquierda Unida.