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En estos días de paréntesis político por las vacaciones de las fiestas de Navidad, diversos medios nos han ofrecido largas entrevistas contigo, en las que haces distintas valoraciones sobre la realidad del país, las confluencias y la situación de Izquierda Unida. Evidentemente, mis reflexiones no tienen la relevancia ni tendrán el eco de las tuyas, pero permíteme que aproveche yo también mis vacaciones escolares para hacerte llegar estas reflexiones públicas en voz alta sobre los asuntos actuales que nos incumben a toda la militancia de IU.

Nos conocemos desde que Diego Valderas, Juan Torres y yo mismo alentamos tu candidatura al Congreso por Málaga en las elecciones de 2011, en las que, para alegría de todos, saliste elegido Diputado. Mucho es lo que ha ocurrido desde entonces en España, en Andalucía y en Izquierda Unida, y el análisis sobre ello nos ha llevado a mantener hoy posiciones diferentes sobre la realidad política que compartimos. No me extenderé sobre nuestras diferentes valoraciones acerca del pacto de gobierno con el PSOE en la Junta de Andalucía en 2012 y la acción de gobierno ejecutada; sobre el desarrollo y resultado de la  Asamblea de Balance de IU Andalucía y la posterior ruptura del acuerdo de gobierno; sobre la gestión de la candidatura y el resultado en las elecciones europeas de 2014; sobre tu acceso a la coordinación de facto de IU gracias a la generosidad y el acusado –excesivo, me atrevería decir- sentido de la responsabilidad de Cayo Lara; sobre las elecciones municipales y autonómicas de 2015, especialmente en la Comunidad de Madrid; o sobre el trato dado a Cayo en la etapa final de su mandato. Me centraré en la situación más reciente, por motivos obvios de actualidad e interés.

“Una gran parte de nuestra militancia está desconcertada por la difuminación de nuestro proyecto político”

Como sabes, soy uno de los militantes preocupados por la deriva de nuestra organización antes y después de la XI Asamblea federal de IU. En el proceso asambleario suscribí, junto con otros y otras militantes, el documento “IU, sí; con más fuerza” e integré la candidatura que lo defendió. Hoy sigo con más preocupación, si cabe, pues muchos de nuestros diagnósticos y predicciones, lamentablemente, están siendo validadas por la realidad. La consecuencia es que una gran parte de nuestra militancia está desconcertada por la difuminación de nuestro proyecto político, la gestión de las confluencias y nuestra falta de visibilidad, institucional y comunicativa, y, cómo no, por la duda sobre la pervivencia futura de IU como organización autónoma de la izquierda transformadora.

Cuando expresamos estas opiniones en los órganos nos soléis contestar con dos argumentos, que has vuelto a explicitar estos días en las entrevistas a las que aludía al comienzo:

La posición “rupturista”

El primer argumento es que quienes “nos quejamos” de todo la anterior es “porque están (estamos) incómodos en una posición rupturista frente a un sistema político que a lo mejor a ellos sí les representa. Es lo que habíamos llamado la sombra del eurocomunismo, que son aquellas personas que con un discurso obrerista, pero sólo discurso sin estar acompañados de prácticas políticas, eran capaces de asumir que el régimen del 78 era un buen marco de transformación social y que nuestro papel estaba limitado a facilitar gobiernos de izquierda del PSOE. Cuando uno opera desde esa cultura política se incomoda de ver cómo de repente un discurso anti-establishment y rupturista penetra y se convierte en la lógica fundamental de IU”. (1)

No, Alberto, no. Antes, durante y después de la XI Asamblea venís repitiendo un análisis que no se ajusta a la realidad, pero que os sirve para intentar descalificar cualquier crítica a vuestra estrategia política y electoral. “Carrillista” se ha convertido en la nueva calificación desacreditadora en nuestra organización. Olvidas que, curiosamente, algunos de los dirigentes que compartieron dirección con Carrillo, asumieron los postulados del eurocomunismo, defendieron acuerdos preelectorales con el PSOE (2) o negociaron acuerdos de gobierno con ellos comparten hoy con entusiasmo vuestras tesis.

Por tanto, el tema es otro. El tema en cuestión es cómo afrontar la crisis de régimen del 78, la profundidad y el alcance de ésta; cómo entender el contenido material de la ruptura con dicho régimen y su viabilidad a medio plazo; y si después de las elecciones del 20D y del 26J hay más y mejores condiciones objetivas y subjetivas  para avanzar en un proceso de ruptura. 

En el debate asambleario hubiéramos podido consensuar muchos análisis, pero el proceso estuvo diseñado de tal manera que la síntesis política era prácticamente imposible. Preferisteis confrontar documentos para visualizar que había proyectos antagónicos. Vuestro documento “Una nueva IU para un nuevo país” fue el mayoritario, sin duda, pero eso no le otorgaba más razón ni más acierto. De hecho, en mi modesta opinión, muchos de los análisis han sido sobrepasados por la realidad. Hoy, tras los resultados de las dos elecciones generales y su gestión por el conjunto de la izquierda, la realidad es que la salida a la crisis del régimen se está produciendo por la derecha y no por la izquierda, con el consiguiente reforzamiento de la hegemonía de la derecha -gracias al acceso del PP al gobierno con el apoyo del C’s y del PSOE-, la división transversal de todas las fuerzas de la izquierda, la desmovilización de la ciudadanía y el bloqueo del debate territorial.

En esta coyuntura, seguir planteando a corto plazo un proceso constituyente para hacer una nueva Constitución con la participación de todos y de todas se antoja alejado de la correlación de fuerzas que lo hiciera posible. En este sentido, conviene recordar que los procesos constituyentes recientes que se han dado a final del siglo XX en los países latinoamericanos se han realizado cuando las fuerzas políticas bolivarianas y/o socialistas tomaron el poder y no antes.

Cierto es que la aritmética parlamentaria posibilita que UP pueda someter a referéndum cualquier propuesta de reforma pactada, pero esa misma aritmética no permite plantear en el Congreso, y mucho menos en el Senado, un  proceso de reforma constitucional de ruptura. Por ello, el debate sobre la ruptura no es teórico ni retórico, es político, es decir, debe versar sobre cómo intervenir en la realidad, partiendo del análisis concreto de la realidad concreta, para aumentar las cuotas de poder que permitan transformar la realidad en la orientación deseada.

Por otra parte, sí queremos abordar con rigor intelectual y honestidad política cómo superar la contradicción de pretender una nueva Constitución y gobernar para la mayoría desde planteamientos que hoy por hoy, lamentablemente, siguen siendo minoritarios, el primer paso ha de ser concretar con nitidez el contenido material de la reforma que pretendemos.

El discurso de la ruptura, además, se enfrenta a la incomprensión de las generaciones que lucharon, en muchos casos con un alto coste personal y familiar, por poner fin a la dictadura franquista y traer la democracia a este país. Para muchos socialistas y comunistas, que participaron activamente en dotar a España de una Constitución democrática y social, minusvalorar los logros de la transición, es sencillamente, incomprensible, aun cuando puedan compartir la necesidad de su actualización, su reforma e incluso plantear ahora los objetivos políticos que entonces no fueron posible por las circunstancias históricas en las que se desarrolló su redacción y aprobación. Habría, pues, que modular el discurso sobre ello.

La aprobación de la asamblea

El segundo argumento con el que nos soléis responder es que la XI Asamblea federal aprobó por amplia mayoría la construcción de un nuevo movimiento político y social que vaya más allá de la actual IU y que, por ello, el debate sobre la hoja de ruta está cerrado y sólo cabe aprobar los correspondientes planes de acción para ejecutarla en los distintos ámbitos territoriales.

Pero no, Alberto, el debate no está cerrado ni lo estará mientras sigáis construyendo vuestro discurso con ambigüedades y neo lenguajes que los hechos consumados contradicen o directamente desmienten y, sobre todo, mientras no nos digáis claramente al conjunto de  la militancia cuál es el diseño final de vuestra hoja de ruta. ¿A dónde vamos, Alberto?

Hoy ya todos aceptáis que es necesario fortalecer Izquierda Unida, aunque sea como movimiento táctico para tener mayor fuerza cuando haya que superarla con la integración en un nuevo sujeto político. Como dice mi compañero García Rubio, “toda organización que se fortalece se supera, pero la palabra superar (“superar IU”) tiene cuatro acepciones. Una de ellas es “dejar atrás o abandonar algo como inútil o anticuado”. El equipo actual de dirección de IU debería aclarar si es ésta la que orienta su hoja de ruta real, porque los hechos parecen confirmarlo”. (3)

La falta de visibilidad institucional y comunicativa de IU es clamorosa y, sinceramente, no creo que obedezca a un interés político predeterminado, interno y externo, sino a las consecuencias derivadas de los términos en que se aprobó la confluencia electoral en Unidos Podemos para el 26J y su gestión posterior.

Afirmas con frecuencia que hoy estamos mejor que en el 2011, con más fuerza y más visibilidad que entonces y para ello pretendes argumentar con la objetividad de los datos. Pero permíteme que te diga que no los utilizas correctamente, pues no cuentas que José Manuel Mariscal y Jesús Iglesias fueron Senadores por elección de los respectivos parlamentos de Andalucía y de Asturias. En 2011 tuvimos un 1.690.000 votos, 11 diputados contando con ICV y Cha, y grupo parlamentario propio, en 2015, 900.000 votos y dos actas, y en 2016 hemos perdido, según las estimaciones del CIS, 440.000 de nuestros antiguos votantes y no tenemos grupo parlamentario propio.

Por otra parte, hay cuestiones que van más allá de lo cuantitativo: el deficiente funcionamiento del Grupo Parlamentario; la permanente referencia a Podemos y no a Unidos Podemos; la escasa presencia, cuando no ausencia, en debates relevantes, como los de la reciente investidura del Presidente del Gobierno; la desconsideración en la distribución de las Comisiones del Congreso; o la falta de discurso autónomo y diferenciado, tal como se puso de manifiesto recientemente en la propuesta sobre el salario mínimo o la admisión a trámite de la derogación de la reforma laboral.

Más perjudicial aún es la invisibilidad mediática en los medios audiovisuales, que son los que utiliza la mayoría de la población para informarse y formase su opinión En debates y  tertulias, rara vez son llamados los parlamentarios o los dirigentes de IU para trasladar con voz propia las posiciones de la organización. Y en las encuestas, IU ha desaparecido, dando por hecho que la coalición electoral tiene ya un carácter estable y, en cierto modo, irreversible.

¿A dónde nos lleva vuestra hoja de ruta?

Pero volvamos a la pregunta clave: ¿cuál es vuestro diseño final? ¿A dónde nos lleva vuestra hoja de ruta? A juzgar por tus declaraciones, no sabéis a dónde vamos: “Nosotros no tenemos planteada una hoja de ruta que termine con una fusión orgánica. Pero fundamentalmente porque nosotros no somos capaces de predecir el futuro. Trabajamos en la realidad concreta con una hoja de ruta y línea estratégica. Pero está condicionada por los eventos que vayan sucediendo en el camino. Es evidente que depende de la línea política que apruebe Podemos la relación será de una forma u otra. Pero lo mismo podría decir con En Comú Podem, En Marea o los movimientos sociales”. (4)

Decir, además, que la cuestión jurídica es secundaria, es pretender quitar importancia a una cuestión fundamental en el sistema de partidos políticos y electoral configurado por la legislación española.

En Cataluña, que tú mismo señalas como el laboratorio político de las confluencias, Ada Colau ya ha registrado Cataluña en Comú como partido político (5), a la espera de cerrar los últimos flecos del que sería el nuevo sujeto político catalán. En todo caso, parece claro que se trataría de un partido instrumental y que el último debate es cómo participarían los partidos políticos preexistentes y sus militantes en el nuevo partido. Desde fuera, observamos con expectación como se resolverán estas cuestiones que afectan de lleno a EUiA y al PSUC viu.

¿Es el nuevo sujeto político catalán el modelo para el resto del Estado? La reciente inscripción unilateral de Unidos Podemos como partido político con sede social en la sede de Podemos, realizada miembros de ésta organización, parece que apunta en esa dirección. (6) En cualquier caso, es un hecho grave, y el comunicado conjunto de los Secretarios de Organización no es suficiente, antes al contrario, para despejar las dudas y el malestar que ha suscitado entre la militancia. Al igual que en Cataluña, la pregunta a responder sería cómo se integrarían en un partido instrumental IU y el PCE.

¿Es acaso vuestro diseño final una federación de partidos, como lo ha sido durante muchos años Convergencia y Unió? ¿O es acaso la reedición de una nueva coalición electoral con otro  nombre, dado que  Unidos Podemos ya no se podría utilizar al estar registrado como partido?

Vuestro diseño final está supeditado al resultado del debate en Vistalegre II. No hay mayor supeditación que esa.

En todo caso, una cuestión parece evidente: Podemos debatirá con autonomía su futuro, pero vuestro diseño final está supeditado al resultado del debate en Vistalegre II. No hay mayor supeditación que esa, así que tendremos que esperar. Pero después de la Asamblea Ciudadana de Podemos tendréis que definiros, porque, entre otras cuestiones, las elecciones municipales, autonómicas del art. 143 y las europeas  de 2019 exigirán una posición clara.

El problema, Alberto, es que si la dirección no sabe a dónde quiere llegar, no tiene un rumbo claro, o depende de otros, la nave de IU va a la deriva, y en esa situación, muchos y muchas militantes están abandonando el barco, replegándose a su casa, como náufragos desconcertados, cansados de los movimientos cupulares y preguntándose cómo es posible que se haya desaprovechado la mejor oportunidad histórica que ha tenido este país en muchos años para conformar un gobierno de amplia base progresista.

Y lo más grave de todo, Alberto: la deconstrucción de IU sin tener claro que es lo nuevo que se pretende construir es dejar a la clase trabajadora española sin el único instrumento que, hoy por hoy, plantea con nitidez políticas de izquierda. Sería un inmenso error. Entretanto, en nuestras menguadas asambleas cada vez es menor el debate político, sustituido por el debate sobre los planes de acción. Esta situación me trae a la mente un fragmento de Historias del señor Keuner, de Bertold Brecht:

“¿En qué trabaja?”, le preguntaron al señor K. El señor K. respondió: “Estoy muy atareado. Preparo mi próximo error.”  

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https://www.cuartopoder.es/deidayvuelta/2016/12/25/garzon/11721
http://elpais.com/diario/1999/03/20/espana/921884407_850215.html
https://www.cuartopoder.es/tribuna/2016/10/18/combatir-la-anorexia-de-iu/9166
https://www.cuartopoder.es/deidayvuelta/2016/12/25/garzon/11721
http://www.lavanguardia.com/politica/20161209/412484810884/catalunya-en-comu-nombre-partido-ada-colau.html
http://www.europapress.es/catalunya/noticia-nuet-euia-formara-parte-nueva-direccion-partido-comuns-20161226104941.html

José Luis Pérez Tapias
Maestro y pedagogo. Ha sido Secretario de Comunicación y de Organización de IU de Andalucía. Es miembro de la Coordinadora Federal y de la Asamblea Político y Social de IU. Ex Viceconsejero de IU en la Consejería de Administración Local de la Junta de Andalucía, es actualmente concejal de la misma formación en Fuenteheridos (Huelva).