
Un grupo de investigadores de la Universidad de Exeter ha planteado la necesidad de que los científicos adopten nuevas formas de comunicar su trabajo, especialmente en el contexto actual de crisis climática y de biodiversidad. En su reciente publicación en la revista People and Nature, los autores argumentan que el enfoque tradicional de la escritura académica, caracterizado por su tecnicismo y objetividad, dificulta la comprensión y el interés del público general.
La profesora Karen Anderson, del Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de Exeter, expresa su frustración ante la inacción para proteger el planeta, un sentimiento compartido por muchos científicos. Según Anderson, la exigencia de mantener una postura racional y objetiva limita la capacidad de los investigadores para comunicar su pasión y conocimiento de manera efectiva. «Los científicos no solo deben ser fuentes de datos, sino también narradores de historias que conecten con la humanidad», señala.
La narrativa como herramienta de comunicación
Los autores del estudio, entre los que se encuentra la doctora Katherine Crichton, destacan que el estilo de escritura científica actual tiene sus raíces en los siglos XVII y XVIII, donde los «científicos caballeros» se comunicaban entre sí. Sin embargo, el contexto ha cambiado drásticamente. «La crisis climática y de biodiversidad es un tema que debería interesar a todos, no solo a los académicos», afirma Crichton.
En este sentido, la profesora Angela Gallego-Sala, especialista en turberas, añade que los científicos a menudo se ven obligados a ocultar su conexión emocional con sus áreas de estudio. «Detrás de cada investigación hay historias personales, motivaciones y vínculos que son esenciales para entender la importancia de nuestro trabajo», subraya Gallego-Sala.
El estudio propone que los científicos incorporen el «arte de contar historias» en sus comunicaciones, complementando la publicación tradicional con formatos más accesibles y atractivos. Esto incluye compartir el lado menos visible de su trabajo, como los procesos de investigación, al estilo de los documentales de naturaleza que muestran lo que sucede detrás de cámaras.
Además, se sugiere que los científicos presenten biografías que trasciendan los currículums tradicionales, permitiendo así que el público conozca sus historias personales y su conexión con los temas que investigan. «Las historias son una forma poderosa de inspirar acción», concluye la doctora Crichton, enfatizando que la narrativa puede ser clave para movilizar a la sociedad en la protección del medio ambiente.
Los autores del estudio reconocen que cambiar el enfoque de comunicación puede resultar extraño para muchos científicos, pero abogan por experimentar con nuevas formas de contar historias. Este nuevo enfoque no solo enriquecería el discurso científico, sino que también podría tener un impacto positivo en la conciencia y la acción pública frente a la crisis ambiental.