
La fatiga persistente provocada por la falta de sueño es un problema común y en aumento entre la población en edad laboral. Sin embargo, el tema de la privación de sueño rara vez se aborda en el entorno laboral. Según la tesis doctoral de Jenni Tuomilehto, defendida en la Universidad de Vaasa, Finlandia, es esencial que los lugares de trabajo fomenten discusiones abiertas sobre el sueño y desarrollen estrategias compartidas para prevenir los desafíos que puede acarrear la fatiga crónica.
A pesar de que el bienestar en el trabajo es un tema frecuentemente debatido, el impacto de la falta de sueño en el rendimiento de los empleados suele pasarse por alto. Tal y como señala Tuomilehto, que presentó su investigación el pasado 8 de abril, la privación del sueño afecta a todos los entornos laborales. No obstante, el hecho de discutirlo con los colegas puede sentirse como un tabú, lo que impide que muchos se atrevan a mencionarlo en el trabajo.
En su investigación sobre la gestión de recursos humanos, Tuomilehto examina cómo la falta de sueño influye en el rendimiento laboral y propone métodos prácticos para identificar y gestionar los efectos de la privación de sueño en el entorno laboral. «Los empleados de diversos sectores enfrentan problemas de rendimiento multidimensionales derivados de la falta de sueño; este fenómeno es extremadamente común. La fatiga impacta negativamente en la productividad, la capacidad de toma de decisiones, la concentración y la regulación emocional. Al mismo tiempo, aumentan los riesgos de enfermedad, agotamiento y accidentes», explica.
Según Tuomilehto, quienes sufren de falta de sueño deberían mejorar sus estrategias de afrontamiento, por ejemplo, programando tareas en función de su nivel de dificultad y reduciendo la velocidad de trabajo. «Es fundamental que los empleados cuenten con el apoyo de la comunidad laboral para enfrentar los desafíos que conlleva la falta de sueño. Dado que la privación del sueño afecta el bienestar y el rendimiento laboral de manera tan amplia, debería ser posible hablar de ello abiertamente con colegas y supervisores. De este modo, se pueden desarrollar estrategias conjuntas para afrontar la fatiga, como ajustar los horarios laborales, añadir pausas y cambiar las tareas de trabajo. Un buen sueño debería ser un valor compartido por toda la comunidad laboral», añade.
Herramientas prácticas para afrontar la falta de sueño en el trabajo
En su tesis, Tuomilehto presenta un modelo teórico que ayuda a identificar la fatiga provocada por la falta de sueño. Este modelo también proporciona a supervisores, profesionales de recursos humanos y otros herramientas prácticas para mantener el rendimiento laboral, previniendo la fatiga crónica y el agotamiento. «Es importante que el sueño se reconozca de manera más efectiva como parte de la gestión del bienestar en el trabajo. Aunque los individuos pueden gestionar su fatiga a través de recursos personales, el apoyo del empleador y las estrategias de afrontamiento desarrolladas en conjunto son cruciales», subraya.
Los datos de la investigación doctoral de Tuomilehto se basaron en entrevistas individuales con 24 personas, centrándose en sus experiencias personales sobre cómo la fatiga afecta su trabajo. Todos los entrevistados estaban empleados en diferentes sectores en Finlandia.