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“Death of a Unicorn”: Una sátira que no logra clavar el cuerno en el corazón de la élite

In Cultura
abril 05, 2025
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La reciente película Death Of A Unicorn, dirigida por Alex Scharfman y producida por A24, pretende explorar la aversión contemporánea hacia las élites adineradas a través de una propuesta que combina la comedia con el horror. A pesar de su premisa intrigante, la película no logra alcanzar las expectativas de un público que ha sido expuesto a una serie de críticas satíricas contundentes de la clase millonaria en el cine y la televisión. Este fenómeno ha sido evidente en obras como Parasite, Triangle of Sadness y series como Succession, las cuales han reflejado la frustración social hacia los ricos y poderosos.

En Death Of A Unicorn, encontramos a Elliot (interpretado por Paul Rudd), un abogado compliance que trabaja para una farmacéutica dirigida por un CEO moribundo, Odell Leopold (Richard E. Grant). La trama se desarrolla cuando Elliot y su hija Ridley (Jenna Ortega) accidentalmente atropellan a un unicornio en su camino hacia la mansión de su jefe. Este evento desencadena una serie de situaciones en las que el unicornio, cuya sangre posee propiedades mágicas, se convierte en objeto de explotación por parte de la familia Leopold, quienes están dispuestos a sacrificarlo por beneficios económicos.

A pesar de su premisa prometedora, la película no logra equilibrar adecuadamente el horror y la comedia, cayendo en la trampa de ser predecible y poco original. Si bien hay momentos de humor que resaltan la avaricia y la superficialidad de los ricos, como las muertes sangrientas de los personajes que representan a la élite, la narrativa se siente estancada. Los personajes son caricaturas poco desarrolladas que no logran ofrecer una crítica incisiva sobre el capitalismo tardío y la explotación de los recursos. La actuación de Will Poulter como Shepard, el hijo de Odell, se destaca, pero no es suficiente para rescatar una película que podría haber ofrecido una sátira más aguda.

Los personajes principales, simbolizados por el padre obsesionado con el trabajo y la hija desencantada, apenas logran escapar de los arquetipos en los que han sido encasillados. Paul Rudd repite un papel que le resulta familiar, mientras que Jenna Ortega se encuentra atrapada en diálogos que suenan artificiales, como la crítica a la filantropía que hace su personaje. La falta de profundidad en los personajes y la previsibilidad de la trama llevan a que el espectador se sienta decepcionado ante una oportunidad que prometía abordar temas relevantes de manera innovadora.

Death Of A Unicorn se presenta como una obra entretenida que, a pesar de su falta de originalidad y profundidad, proporciona momentos de diversión. Sin embargo, queda claro que la película no logra alcanzar las alturas satíricas que sus predecesoras establecieron. En un contexto donde el arte y el cine pueden servir como plataformas para la crítica social, esta producción se siente como una oportunidad perdida, dejando la sensación de que podría haber ofrecido mucho más que lo que finalmente entrega.

Death Of A Unicorn ya está disponible en cines.

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