
Un nuevo estudio sobre la minería de litio en el «Triángulo del Litio», que abarca Chile, Argentina y Bolivia, revela que los modelos comúnmente aceptados para estimar la disponibilidad de agua para la extracción de litio, así como los efectos ambientales asociados, son erróneos por más de un orden de magnitud. Este triángulo es responsable de más de la mitad de los recursos de litio a nivel mundial, lo que resalta la importancia de comprender las implicaciones hídricas de esta actividad.
La investigación, publicada en la revista Communications Earth & Environment, indica que la cantidad de agua disponible para la minería de litio es mucho menor de lo que se había estimado anteriormente. Dada la proyección de un aumento de la demanda de litio de hasta 40 veces en las próximas décadas, es imperativo que las comunidades locales, los reguladores y la industria minera colaboren para ajustar su uso de agua a límites sostenibles.
Un panorama hídrico alarmante
El profesor de geociencias en la Universidad de Massachusetts Amherst, David Boutt, quien es el autor principal del estudio, explica que el litio es un elemento peculiar. Aunque es el metal más ligero, no se encuentra en estado sólido y tiende a ocurrir en capas de ceniza volcánica. Al interactuar con el agua, el litio se filtra en el agua subterránea, acumulándose en cuencas donde se presenta en forma de una mezcla salina.
Estas cuencas, donde el agua salina se asienta bajo capas de agua dulce, son cruciales para ecosistemas frágiles y para las comunidades indígenas que han habitado el Triángulo del Litio durante generaciones. El uso de agua dulce en este contexto podría poner en riesgo tanto la salud ecológica de la región como las formas de vida de estas comunidades.
El equipo de investigación, liderado por Alexander Kirshen, analizó 28 cuencas en el Triángulo del Litio para evaluar la escasez de agua dulce. La dificultad de esta tarea radica en que estas cuencas se encuentran en áreas remotas y extremadamente áridas de los Andes, donde hay escasos sensores y estaciones de monitoreo para evaluar el flujo de agua y la precipitación.
Los modelos globales más utilizados sugieren que el agua dulce que fluye hacia estas cuencas es de aproximadamente 90 a 230 mm por año. Sin embargo, el nuevo modelo desarrollado por el equipo, denominado Modelo de Disponibilidad de Agua de Cuencas Cerradas de Litio (LiCBWA), presenta una estimación alarmantemente baja, con un promedio de solo 11 mm por año. Boutt subraya que esta sobreestimación de la disponibilidad de agua es «al menos un orden de magnitud» superior a la realidad.
A su vez, los métodos de extracción de litio están evolucionando. La técnica más antigua, conocida como concentración evaporativa, está siendo reemplazada por la extracción directa de litio (DLE), que en el 56% de los casos utiliza más agua que el método anterior, y casi un tercio de los sitios DLE utiliza diez veces más agua que la concentración evaporativa. Esto plantea un desafío aún mayor para la sostenibilidad ambiental en la región.
Los autores concluyen que es esencial que científicos, comunidades locales, reguladores y productores trabajen conjuntamente para reducir el uso de agua y mejorar el monitoreo de las precipitaciones, flujos de agua y niveles de agua subterránea, con el fin de obtener una imagen hidrológica más precisa. Sin una colaboración efectiva, el futuro de la minería de litio en el Triángulo del Litio podría comprometer tanto el medio ambiente como la vida de las comunidades que dependen de este recurso esencial.