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Como dice la filósofa e historiado venezolana Carmen Bohóquez, “el principal problema de la izquierda europea es que es europea”.

No hay mañana que no nos despertemos con un alineamiento internacional equivocado por parte de Izquierda Unida o del Partido Comunista de España. Si hace pocos días en un comunicado, la Secretaría de Política Internacional del PCE le rindió homenaje al fallecido eurodiputado Lothar Bisky, anticomunista declarado, opositor de Erich Honecker en el seno del Partido Socialista Unificado de Alemania y brazo ejecutor de Gorbachov en la RDA, hoy la noticia es que Izquierda Unida ”traslada su enérgica condena y repulsa por la deriva alcanzada por la salvaje represión puesta en marcha por el Gobierno y el ejército golpista de Egipto”.

Supongo que para cualquiera que no esté muy enterado de cómo funciona la política internacional, el hecho de que Estados Unidos, haya financiado durante tanto años al ejército egipcio, lleva al razonamiento de que las Fuerzas Armadas de Egipto son fieles seguidoras del imperialismo norteamericano, dos más dos son cuatro, y es un error lógico. Pero también creía que para ser responsable federal de política internacional del PCE o de IU había que tener cierta capacidad de análisis, más allá de lo que uno mira en televisión o lee en la prensa burguesa, y que el análisis más simple de cualquier militante que ignore el escenario político internacional, debe de ser enriquecido por las sesudas mentes dirigentes de mi organización, que para eso están.

Antes de empezar tengo que decir que la masacre de manifestantes no puede estar nunca justificada, y el ejército se equivoca combatiendo al fascismo con sus mismas armas, pues lo único que logrará será una reacción internacional favorable a los intereses de los Hermanos Musulmanes, además de que tras la barbarie de asesinatos indiscriminados, muchos inocentes han perdido la vida. Los asesinatos sistemáticos que han llevado a cabo los Hermanos Musulmanes y sus simpatizantes, no justifican en absoluto esta masacre.

Hablemos sobre Egipto:

El pueblo egipcio, su amplia clase obrera y campesina, la intelectualidad patriota, los militares comprometidos con la causa nacional y árabe, la minoría cristiana copta, las mujeres y la juventud, han visto como, tras una revolución llevada a cabo por ellos en las calles, se ha intentado diseñar una transición dejando atrás la era de Hosni Mubarak, dictador aliado de los Estados Unidos, para abrazar una supuesta democracia burguesa que ha terminado depositando en el poder a los fascistas ultrareligiosos de los Hermanos Musulmanes. Algo así como lo ocurrido en España en 1977, donde el pueblo tras la muerte del dictador, acabó votando en las urnas por un partido igual de capitalista que Falange, y por un Jefe de Estado igual de ilegítimo que Franco.

Como dijo recientemente en una entrevista Salah Adli, dirigente del Partido Comunista Egipcio “tras el éxito electoral de Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes, las masas descubrieron su naturaleza autoritaria, su carácter fascista, su favoritismo por los intereses de los sectores más reaccionarios del capitalismo, y su incapacidad para dirigir un estado del tamaño de Egipto. Además, su traición a los intereses de la patria y su disposición para actuar como el principal agente para mantener los intereses de los EE.UU. e Israel en la región quedaron en evidencia. Negociaron la tregua en Gaza y le dieron a Estados Unidos e Israel lo que ni siquiera el régimen títere de Mubarak les había dado. Su proyecto oscurantista y sectario, que es hostil a la democracia, la ciencia, la cultura y la tolerancia, se hizo muy evidente. Más importante aún, las masas descubrieron la falsedad de su uso de consignas religiosas para disfrazar sus planes en servicio al proyecto imperialista en Oriente Medio.”

Tras esta pérdida de apoyo de todos los sectores sociales, Mohamed Mursi fue depuesto por el pueblo y por el ejército, el mismo ejército que se alió con los trabajadores y se negó a ejercer la represión contra su pueblo, que Hosni Mubarak mandató antes de ser depuesto (recordemos que gran parte de los actuales generales del Ejército Egipcio fueron entrenados durante la época de Nasser en la Unión Soviética).

No olvidemos tampoco que el pueblo egipcio llegó a recoger 22 millones de firmas para deponer a Mursi y convocar de nuevo elecciones, un 25% de la población. Para hacernos una idea de lo que significa que un 25% de la población firme una petición vayamos de nuevo al caso español, en nuestro país el PP gobierna con 10 millones de votos de 47 millones de personas que en total viven en España, es decir, un 21% de la población.

No solo las firmas, si no que multitudinarias manifestaciones en todo el país se sucedieron día tras día desde finales de junio de 2013, más de 27 millones de personas protestaron simultáneamente en todas las provincias del país.

Como reacción a las multitudinarias protestas anti-Morsi que tuvieron lugar, el 1 de julio el jefe de las Fuerzas Armadas de Egipto, Abdul Fatah al-Sisi, emitió un ultimátum de 48 horas para que el Gobierno del país respondiera a las demandas del pueblo egipcio. El ejército también amenazó con intervenir si el conflicto no se resolvía, en un comunicado donde decía textualmente ”Si las demandas de la gente no se realizan en el periodo definido, entonces corresponderá a las Fuerzas Armadas anunciar una hoja de ruta para el futuro”.

Simultáneamente a estas protestas, los islamistas radicales pro-Mursi también llevaron a cabo manifestaciones, muy inferiores en número, pero es importante saber este dato para comprender el posterior desarrollo de los hechos.

Es necesario recordar también que el Gobierno de Mohamed Mursi, ese al que Izquierda Unida califica en un comunicado como “legítimo”, fue condenado por el asesinato de civiles opositores al partido de los Hermanos Musulmanes, se opuso y opone a toda reforma progresista en interés de las masas populares: reforma agraria, nacionalización de bienes en manos extranjeras, educación amplia, derechos de las mujeres, derechos sindicales, etc. Al mismo tiempo, sirvió para dividir a las masas populares árabes por motivos religiosos impidiendo el surgimiento de un frente unido contra el imperialismo, y son los mismos que en 1954 intentaron asesinar a Nasser en Alejandría. También son los mismos que organizaron un levantamiento contrarrevolucionario en Siria a finales de los 70, y otro en 2011, y que apoyaron la agresión e invasión de la OTAN contra Libia. Como relata de nuevo Salah Adli, del Partido Comunista Egipcio: Lo que ha sucedido no es un golpe de Estado militar de ninguna manera, sino un golpe revolucionario por el pueblo egipcio para deshacerse de este régimen fascista. Lo que el ejército hizo es llevar a cabo la voluntad del pueblo y protegerlo de los planes de los Hermanos Musulmanes y sus aliados terroristas armados que quieren encender la lucha sectaria y la guerra civil, dividir al ejército egipcio y destruir las instituciones del Estado egipcio para servir a los intereses del imperialismo y el sionismo en la región.

Sin embargo, el secretario federal de Solidaridad Internacional, Paz y Derechos Humanos de IU, Francisco Pérez Esteban, dice textualmente en su comunicado que “resulta intolerable que un Ejército golpista acabe de un plumazo con una situación política derivada, se quiera o no, de los resultados de unas elecciones generales previas, convocadas y desarrolladas de forma democrática”, yo creo que lo intolerable es emitir estas palabras por la boca de un dirigente federal de una organización obrera de clase como es, o debe ser, Izquierda Unida.

Finalmente Mursi fue depuesto, por el pueblo que se echó a la calle y por el ejército, que fue brazo ejecutor de la voluntad de los trabajadores egipcios. El propio jefe de las fuerzas armadas egipcias ha dicho en numerosas ocasiones que el ejército respeta la voluntad del pueblo y no desean ocupar el poder.

Actualmente

Tras todos estos acontecimientos y tras el fracaso de los Hermanos Musulmanes de instaurar una dictadura teocrática, son los islamistas radicales los que se han echado a la calle sembrando el caos en el país, los Hermanos Musulmanes no son los manifestantes pacíficos a los que estábamos acostumbrados a ver en Egipto, sino que son bandas de terroristas fuertemente armadas que atacan con armas de guerra a los militares, policías, y a la población civil que por motivos ideológicos o religiosos se opone a ellos.

A diferencia de las anteriores manifestaciones populares, esta vez son auténticos actos de terrorismo los que intentan imponer el deseo de unos cuantos islamistas radicales sobre los intereses de la mayoría de la población egipcia. Como dato, aportar que el secretario de Estado norteamericano John Kerry ha exigido al gobierno egipcio que levante el estado de emergencia proclamado para derrotar la rebelión terrorista de los Hermanos Musulmanes, lo que agrava el rechazo mayoritario del país contra el imperialismo norteamericano.

La manera terrorista de sembrar el caos es la misma a la que ya estamos acostumbrados en otros países árabes, y es exactamente el mismo modus operandi llevado a cabo en Siria o Libia: sembrar el caos mediante la violencia y el terrorismo buscando la reacción de las fuerzas de seguridad, policía y ejército, para que luego los medios de comunicación occidentales pongan la lupa sobre esas intervenciones y así justificar incursiones extranjeras.

Hasta la fecha, la intolerancia fascista de los hermanos musulmanes se está cebando con policías, soldados, funcionarios, comunistas, sindicalistas, cristianos, shiíes y coptos, con un saldo de decenas de muertos en todo el país, reciente es el caso de un taxista que fue linchado hasta la muerte por los Hermanos Musulmanes por llevar en su coche un cruz cristiana copta. La quema de comisarías que ya son 21 en todo el estado, la iglesia copta de Minya, 20 iglesias cristianas, numerosos comercios propiedad de coptos, 5 egipcios coptos asesinados por bandas de Hermanos Musulmanes en las calles por motivos religiosos, edificios municipales en Alejandría y Giza quemados, o la biblioteca de la facultad de ingeniería.

Recordemos que el carácter fascista de los Hermanos Musulmanes no es algo novedoso para el Movimiento Comunista Internacional, ya en 1954 el Presidente socialista Gamal Abdel Nasser, ilegalizó y disolvió esta agrupación reaccionaria de los Hermanos Musulmanes y fue el dictador pro-sionista Mubarak quien la legalizó en los años 80 y la apoyó para que sembrase su islamismo reaccionario, divisionista, fanático, antinacional y antisocial.

Actualmente en los medios de comunicación de la burguesía se califica la “deriva violenta” del ejército egipcio como desmedida, sin tener en cuenta que los pacíficos islamistas llevan asesinando a militares y policías desde hace semanas. El diario El Mundo habla de las protestas de islamistas en la plaza Tahrir como “pacíficas sentadas” cuando en realidad los Hermanos Musulmanes empuñan rifles, levantan barricadas y asesinan a todo aquel que por motivos ideológicos o religiosos les lleve la contraria.

Conclusiones

Es necesario reflexionar antes de emitir comunicados de condena o repulsa, y más siendo responsable de una organización federal tan importante como es Izquierda Unida, nadie con sentido común puede admitir una matanza como la ocurrida en Egipto, pero tampoco son tolerables las decenas de actos de terrorismo por motivos ideológicos y religiosos que los Hermanos Musulmanes vienen cometiendo.

Bajo mi punto de vista, urge ilegalizar ese partido fascista llamado Hermanos Musulmanes, y que la fuerza de una ley justa caiga sobre todos los que han llevado a cabo o instigado actos de terrorismo. Urge una investigación sobre los estamentos del ejército que han tolerado esta matanza y es necesario convocar unas elecciones justas en el país lo antes posible, esperando que el pueblo retome la opción nasserista como única alternativa política capaz de satisfacer las exigencias de la clase trabajadora.

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Alberto J. Miranda (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1983) es diseñador gráfico, analista y comunicador social. Director del diario laRepublica.es, colabora habitualmente con otros medios como RT o HispanTV.