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Mi camarada Paco, que llevaba más de cuarenta años trabajando en el campo, acaba de jubilarse anticipadamente porque sus rodillas ya no aguantaban más las duras jornadas entre los naranjos.

Paco milita en el Partido Comunista y en las Comisiones Obreras desde que era un chaval por pura necesidad, algo que siempre nos recalca. Cada vez se muestra más preocupado por la terrible situación que azota a la clase obrera y porque además, las dos herramientas que necesitan los trabajadores (el partido y el sindicato) no están cumpliendo su papel ni están siendo realmente útiles. Por eso nunca falta a la reunión semanal de su agrupación. Recuerda épocas muy duras y difíciles como el sufrimiento y el miedo en la clandestinidad pero asegura que en aquel momento al menos tenían las cosas claras. Hoy solo ve confusión y mareo mientras su partido queda relegado a un club de debate.

Paco se ha hartado de que dirigentes de la izquierda le digan cosas como sectario, ortodoxo o anquilosado. Él está seguro que no es sectario exponer lo que dice su partido en el trabajo, en el bar o en la plaza del pueblo y debatirlo de manera respetuosa y constructiva. Por el contrario afirma que sí lo es generalizar y criminalizar acusando de cómplice de la crisis a quien considera equivocado. ¿Cómo voy a convencer a alguien insultándole o llamándole burro? –nos pregunta muchas veces-.

Piensa que es mucho más sectario olvidar los problemas reales y pasarse los años creando corrientes, partidos, coaliciones o confluencias que en la mayor parte de las veces solo responden a las necesidades de quienes pretenden asegurarse un puesto de trabajo continuamente. Gente que utiliza el partido como trampolín y que no duda en saltárselo cuando no le conviene y que además suele acabar en otro partido cuando ya no tiene más recorrido. Por eso Paco empieza a estar cansado de pegar algún que otro cartel electoral pues esa historia yase repite demasiado. Tampoco entiende cómo hay dirigentes que aparecen en televisión y son incapaces de hacer un llamamiento a organizarse en el partido o de expresar de manera honesta la necesidad de esa herramienta para la clase obrera. A veces asegura que a esos dirigentes les falta pasar un par de días cogiendo naranja con las manos congeladas y la espalda reventada de cargar los cajones.

Paco es un referente allí donde está y un ejemplo a seguir. Por eso me indigna cuando dirigentes de la izquierda ignoran y menosprecian la lucha antifranquista de la cual Paco formó parte llegando a jugarse la vida en alguna ocasión. Momentos tan duros que suele recordar con la voz truncada y lágrimas en los ojos mientras el adanismo escupe sobre su memoria y entierra su partido. Esos que seguramente no tendrán una pensión de miseria ni las rodillas machacadas.

 

Dedicado a mi camarada Francesc Cayo, un imprescindible.

Manel Marco
Profesor de música interino en la escuela pública, anteriormente trabajador del campo. Responsable político de la agrupación del PCE Les Valls y concejal de Quart de les Valls (Valencia).