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Servicio de prensa del PCFR | Traducido del ruso por Íñigo Aguirre.

El 9 de abril la Rada ucraniana aprobaba las leyes que equiparan al comunismo y al fascismo, que prohíben los símbolos y la propaganda comunistas y que rehabilitan a los integrantes de las formaciones banderistas.

A petición de los periodistas comenta la situación el líder del PCFR, Guennadi Ziugánov. El nazismo y el fascismo continúan haciéndose fuertes en Ucrania, subrayó Guennadi Andréyevich. Lo ocurrido es un desafío a toda Europa y a toda la comunidad internacional. Es una bofetada, una afrenta a todos aquellos que combatieron contra el fascismo hitleriano y que con ayuda de la fe y la razón acercaron el Día de la Victoria.

El fascismo y nazismo ucraniano no es para nada mejor que el hitleriano, más bien es aún más repugnante e inmundo, puesto que esas leyes se aprueban en plenos preparativos para celebrar el 70 aniversario de nuestra Gran victoria. Además han sido aprobadas por una Rada impostora, establecida tras el golpe de Estado y la toma del poder por la Junta de Kiev.

Esos autodenominados diputados, están anulando de un plumazo todos los acuerdos existentes, alcanzados en el transcurso de la Gran Guerra Patria con nuestros aliados, que trajeron como resultado la creación de la Organización de la Naciones Unidas. Entonces fue condenado el fascismo hitleriano, tuvo lugar el tribunal de Núremberg y se consiguieron edificar las actuales relaciones internacionales.

La decisión de la Rada, supone en esencia, la derogación de esas normas internacionales, por lo que debe ser condenada por todos los países democráticos. En correspondencia con los acuerdos alcanzados con anterioridad, Ucrania se convirtió en miembro de la ONU junto con la unión Soviética, la Federación Rusa y Bielorrusia. Las decisiones aprobadas, están por su naturaleza, revocando esa elección histórica. Al mismo tiempo se están abrogando todos los convenios alcanzados con los organismos internacionales, puesto que parte de los territorios de la Galitzia y Besarabia, entraron a formar parte de Ucrania, precisamente en el periodo soviético.

Si ellos no reconocen los acuerdos que fueron adoptados por la URSS, están en consecuencia anulando los acuerdos sobre el ingreso de dichas regiones en la estructura territorial de Ucrania. Y esas regiones están en su derecho de determinar su destino de modo independiente.

También se anula la decisión firmada por Jruschóv, sobre el ingreso de Crimea en Ucrania, puesto que fue una decisión adoptada por el país soviético.

En lo que respecta al aspecto moral y político de la cuestión, estamos ante un claro desafío lanzado a toda la sociedad. Ante todo son unas leyes, que no solo rehabilitan, sino que equiparan a los nazis con los héroes libertadores, que combatieron contra el fascismo en las filas del Ejército Rojo.

Los nazis y banderistas son considerados combatientes de guerra, lo que categóricamente contradice la verdad histórica. En realidad los nazis y banderistas ucranianos fueron los principales colaboradores de Hitler: fueron ellos los que fusilaron a los judíos en Babiy yar, los que degollaron a los judíos, polacos y rusos en Volinia y los que quemaron vivos a nuestros hermanos bielorrusos en Jatyn.

La decisión adoptada es hasta tal punto ultrajante y repulsiva, que solo hará que añadir una tensión complementaria en la sociedad ucraniana. Si aquellos que están sentados en la Rada y el señor Poroshenko con sus secuaces, pensaran en la paz, en la democracia, en la historia futura de ucrania, nunca hubieran aprobado unas leyes que no pueden conducir a nada que no sea complicar aún más la situación y a desatar nuevos conflictos, nuevos enfrentamientos.

Yo comprendo los sentimientos agraviados de millones de ciudadanos ucranianos, que combatieron contra el fascismo. Soy consciente en la situación calamitosa a la que se han visto abocados decenas de millones de ucranianos, por el alza de los precios, cuando ven vejada su dignidad. No solo me compadezco, sino que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para ayudar lo máximo posible a los habitantes de Novorrusia, de las repúblicas de Donetsk y Lugansk, a aquellos que están defendiendo su nombre, su casa, su derecho a hablar en su lengua materna, y lo hacen con dignidad y valentía.

Presten atención a las leyes que ha ido aprobando el gobierno ucraniano. En primer lugar está aquello que une a la gente, lo que les convierte en pueblo, lo que lo convierte en un estado social. Me estoy refiriendo a la unidad lingüística. Al denegar a los rusos el derecho de hablar en su lengua (cuando más de la mitad de la población de Ucrania considera el ruso su lengua materna), el gobierno estaba generando un conflicto muy agudo. Renunciando a los acuerdos que se habían alcanzado con la Federación Rusa, solo hicieron que agravar la crisis económica. Renunciando a la cooperación con empresas de Rusia, destruyeron el potencial económico de Ucrania y empeoraron drásticamente la situación socio-económica. Y ahora aprobando estas leyes bárbaras, rehabilitando en la práctica el nazismo y el fascismo, están generando un nuevo conflicto con toda Europa y con la Federación Rusa.

Pienso que estas decisiones criminales, serán al fin y a la postre rechazadas por el pueblo ucraniano, pero para ello debemos aunar esfuerzos.

Es imprescindible recordar que si la hidra del fascismo hubiese sido aplastada a comienzos de los años 30, cuando empezaba a levantar cabeza, no hubiéramos llegado a una guerra mundial en la que murieron casi 60 millones de personas. Por eso la lucha conjunta contra el fascismo, el nazismo y el banderismo en Rusia, en Ucrania y en Europa, adquiere una relevancia especial.

[bctt tweet=”Al final de la II Guerra Mundial, uno de cada cuatro combatientes era comunista” username=”larepublica_es”]

Los comunistas siempre estuvieron a la vanguardia de esa lucha. El Partido Comunista de los bolcheviques siempre fue un partido combativo. 2 millones de comunistas cayeron en los frentes de la Gran Guerra Patria. Al final de la guerra uno de cada cuatro combatientes era comunista.

Los partidos comunistas de Francia, Italia, España y Gracia, también libraron una lucha heroica contra el fascismo. Los méritos de los comunistas en su lucha contra los fascistas son evidentes para todo el mundo. El nazismo, el fascismo y el comunismo son absolutamente incompatibles. Los comunistas siempre antepusieron antes que otros valores, los intereses sociales, los del pueblo trabajador, de la amistad de los pueblos, el humanismo y la justica, el bien común y la razón.

Los nazis, banderistas y fascistas, al contrario siempre resaltaron su exclusividad y cerraron la boca a todos aquellos, que se interpusieron en su camino. El intento en tapar la boca al Partido Comunista de Ucrania, la persecución de Simonenko y sus camaradas, repite ese camino que siguiera en su día Hitler con sus combatientes.

Pienso que los discípulos de Hitler, que se han hecho por la vía de la fuerza con el gobierno en Kiev, acabarán en un nuevo tribunal de Núremberg y serán condenados por toda la humanidad progresista.

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