Silbando la Internacional

Rajoy se va: A los 6 años triunfa la moción de censura

6 junio, 2018
Paco Frutos

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Rajoy se va: A los 6 años triunfa la moción de censura

Creo que se abre una perspectiva de cambio a largo plazo, aunque de momento los mimbres para hacer el cesto están todavía chapoteando, o secos, en medio del campo, en las acequias y desembocaduras de los riachuelos. Hay mucha contaminación política y pocas vacunas para tanto sarpullido, virus o pandemia.

Los primeros en notar la falta de Rajoy, vais a ser los que le necesitabais como el muñeco del PIM PAM PUM sobre el que descargar todas las iras contenidas en el tarro de las frustraciones por vuestra inutilidad para crear algo sólido, consistente, políticamente sabio y bien organizado para cambiar las cosas. Nunca hacíais nada con capacidad política no sólo para hacer reflexionar a unos cuantos, sino para comprometerlos, organizarlos, movilizarlos en torno a un verdadero programa, a un discurso que no fuera pura retórica y a una voluntad de cambiar la realidad. Y Rajoy, y el PP y sus políticas, justificaban la indigencia. Por tanto, leña al mono. Pues bien, se acabó el mono. Tendréis que hacer algo de motu propio.

Y a ti Pedro Sánchez te tocará poner en marcha una política capaz de hacer olvidar tu enmienda total a los presupuestos de 2018, a los que calificastes duramente de “antisociales” y ahora dices que vas a defender, eso sí, por razón de Estado. Y, además, demostrar que puedes hacer algo más girado a la izquierda y a lo social, alejado de aventuras populistas y de socios de centro y de derecha nacional identitaria que te votan sólo para cargarse al PP, después de haberse acostado con él para aplicar las políticas más reaccionarias y que ahora enfilan a Cs, su nuevo y gran enemigo político, a pesar de ser este partido tan de derechas, o más, que el PP.

Hoy me han resultado curiosas unas palabras de Pablo Iglesias: “Se retira un político elegante e inteligente que sabía escuchar. Fue un honor ser su rival y combatirle políticamente. Se ganó mi respeto”. Hombre, repasando unas cosas que se dijeron por el mismo protagonista y adláteres no hace tanto y esas palabras de hoy, me suena a la hueca palabrería de los que siempre están al acecho de lo que pueden pescar. Si no hay sorpasso, ni se le ve en el horizonte, echemos el anzuelo para ver si algo pica. Si ayer decíamos votar la moción de censura sin pedir nada, hoy pordiosear algún ministerio, dirección general o club de petanca. Quede claro que siempre por el bien del país.

Sobre el carácter de Rajoy, de lo que han dicho o dicen sobre él y sus maldades, poca cosa. Sólo reiterar la opinión que me merecían sus políticas de dejar pasar el tiempo confiando en que éste solucionaría por cansancio lo que no hacía su acción política. Le mandaba, sin acritud, a que ejerciera su oficio de notario, o registrador de la propiedad, si como presidente de gobierno no ejercía, pero no estaba todo el día buscando resquicios en su acción, o falta de ella, para vapulearle, acusarle de todos los males y desgracias del país y justificar con su existencia y la del PP la inutilidad política de mis propuestas.

Condenar al PP y a Rajoy como presidente del mismo, por la corrupción y por todos los males habidos y por haber, mientras se corría, y se corre, un espeso y tupido velo de silencio, o se mira hacia otro lado, cuando de los ladrones de Catalunya o de Andalucía se trata, con un historial tan largo y cuantioso como el del PP, es como mínimo, una indecencia política además de moral. Fuera ya Rajoy de escena y estando las fechorías de muchos destacados miembros del PP en los juzgados, y bastantes de sus autores en la cárcel, a pesar de que según la progresía de cuatro cuartos los jueces están al ordeno y mando del PP, cabe esperar la diligencia de esta izquierda parcialmente amnésica, o que trata las corrupciones de forma diferente, para que active la persecución y condena de los otrora socios catalanes del PP para las políticas neoliberales, bélicas o de recortes sociales. Y de pasada que exija la aceleración de los juicios sobre los ERES andaluces para que se aclare todo cuanto antes, se devuelva el dinero mal utilizado o sustraído y se castigue a quien corresponda.

No creo que sea mucho pedir en un momento en el que, sin dar palmas por estar el PP en la oposición, hay una razonable posibilidad de que se enderecen muchas cosas sobre recortes laborales y sociales reaccionarios y ultraliberales, sobre libertad de expresión y sobre si se continuará zascandileando con los nacionalismos racistas e identitarios sobre España y su sexo, o se abordará la definitiva construcción de una España en la que la clase obrera y trabajadora ha escrito las más bellas, y muchas veces dolorosas, páginas de su historia. La España de la IIª República Española que fue defendida por el pueblo y por los brigadistas internacionales. La España obrera y popular que después de la terrible derrota republicana fue capaz de irse levantando poco a poco de sus cenizas y urdir la solidaridad y la fraternidad entre sus gentes, sin importar el lugar donde vivían ni la diversidad de su patrimonio cultural y lingüístico.

En definitiva, Pedro Sánchez, el PSOE, sus avaladores, tanto los oportunistas que piden un ministerio como los que quisieran volver al fracasado “procés”, tendrán que hacer frente a una nueva realidad en la que ya no valdrán los ataques furibundos a un enemigo desahuciado, sino los hechos socioeconómicos y políticos. Veremos entonces si Pedro Sánchez tiene la talla política que hasta ahora no se le ha visto y si, además, es capaz hacer que el PSOE rectifique sus políticas y de dar un giro a la izquierda de verdad en vez de predicarlo retóricamente. Y miren por dónde, eso debería comprender la política económica y social, hasta ahora escorada al neoliberalismo, la militar, partidaria de todas las intervenciones en Yugoslavia, Libia, Siria…, y la internacional, tan agresiva con Venezuela y Maduro, para no ir más lejos.

Ya sé que sólo tiene 84 votos para gobernar pero esto es un asunto suyo. Tenía los mismos antes de presentar la moción de censura. La credibilidad política se gana, aún siendo minoría, si se tiene perspectiva de futuro.

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