
El sistema de comercio internacional se encuentra en un estado de tensión e incertidumbre ante la inminente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la implementación de aranceles “recíprocos”. Este anuncio, programado para el miércoles, podría tener un impacto significativo en las relaciones comerciales globales, generando un potencial sísmico en los mercados y en la economía de numerosos países.
Desde febrero, Trump ha amenazado con estos gravámenes como respuesta a las medidas comerciales de sus socios, y su agenda de nacionalismo económico y proteccionismo está comenzando a dar forma a un nuevo paradigma en las relaciones comerciales. A lo largo de su mandato, ha impuesto aranceles del 20% a las importaciones de China y ha gravado el acero y el aluminio, y ahora se prevé que se sumen nuevas medidas que podrían afectar a las importaciones de vehículos y componentes, así como el posible fin de la moratoria que se había concedido a México y Canadá.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha declarado que el presidente anunciará un plan que busca “acabar con prácticas comerciales injustas” que, según ella, han perjudicado a Estados Unidos durante décadas. Este evento, que se llevará a cabo en el jardín de la Rosaleda con la presencia de su gabinete, ha sido denominado por Trump como el “día de la liberación”.
Incertidumbre y falta de detalles
A pesar del boato del anuncio, persiste una notable vaguedad en los detalles. Según las declaraciones de Leavitt, parece descartado que haya excepciones a los aranceles, aunque se desconoce el calendario de su implementación y cómo se relacionarán con otros gravámenes sectoriales. Se cree que Trump podría ampararse en la Ley de Poderes de Emergencia Internacional Económica para justificar estas medidas, lo que podría desencadenar una serie de demandas legales por parte de los demócratas, quienes ya han cuestionado el uso de esta ley en otros contextos.
En los últimos días, Trump ha enviado mensajes contradictorios sobre el alcance de los aranceles, sugiriendo que podrían afectar a “esencialmente todos” los países, aunque su equipo había indicado previamente que se centrarían en los principales socios comerciales. Esta falta de claridad ha generado inquietud en los mercados, que ya están experimentando una notable volatilidad. Las bolsas, aunque han recuperado algunas pérdidas, siguen siendo susceptibles a las decisiones de un presidente que ha demostrado ser impredecible.
Las acciones de Trump están erosionando la confianza de los estadounidenses en la economía, lo que ha llevado a una reducción del gasto tanto por parte de los ciudadanos como de las empresas. Los economistas advierten que su política arancelaria podría resultar en un aumento de precios en Estados Unidos, lo que podría llevar a una contracción económica e incluso a una recesión. A pesar de las afirmaciones de sus asesores sobre los beneficios económicos de estas medidas, muchos cuestionan la viabilidad de sus proyecciones.
La situación es especialmente delicada para un presidente que logró su reelección en parte gracias al descontento de los estadounidenses con la inflación. La escalada de precios derivada de sus políticas comerciales podría aumentar el rechazo hacia su administración. Según un sondeo reciente, seis de cada diez estadounidenses desaprueban su manejo de las negociaciones comerciales, y aunque la desaprobación entre los republicanos es menor, sigue siendo un aspecto débil de su gobierno.
Ante este panorama, varios políticos republicanos están comenzando a coordinarse con grupos de distintas industrias para buscar excepciones para sectores específicos que se verían afectados negativamente por las nuevas políticas comerciales. La presión sobre Trump para moderar su enfoque podría aumentar a medida que las consecuencias de sus decisiones se hagan más evidentes.