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Javier Adalid | Un día cualquiera, estás trabajando y te da por mirar tu entorno laboral y te das cuenta que muchas cosas son mejorables, y que nadie se preocupa por ello. Te das cuenta que llevas tiempo pidiendo que las posturas con las que trabajas no son las más idóneas, que los ritmos son abusivos, que las exigencias son altas, los salarios bajos y que ni siquiera tienes una zona decente donde ducharte y cambiarte para volver a tu casa después de tu jornada laboral. Tus quejas son acogidas de manera abrupta por tu mando directo y su respuesta hacia la “mosca cojonera” son siempre las mismas: “Es lo que hay, si te gusta bien y si no ahí tienes la puerta. Tengo muchos que matarían por tu puesto y seguro que se quejarían menos”.

Te das cuenta que las reivindicaciones individuales acaban en saco roto y poco llegas a cambiar, y un día comiendo el bocadillo con los compañeros y compañeras te preguntan ¿Por qué no te haces delegado sindical?

Entonces, piensas: “la organización de las ideas y la defensa de lo colectivo es lo más efectivo para hacer frente a los abusos de poder y de la explotación en los centros de trabajo”… y decides presentarte.

Con toda la ilusión del mundo compartes con tu entorno la idea y te encuentras frases como: “¿ya quieres vivir del cuento?” ”Esos son unos vagos” “Vas a ser un vendido” “No des la cara por la gente que no te lo agradecen, defiende lo tuyo”.

A pesar de las advertencias decides tirar adelante, pero la vida del delegado de Empresa no es fácil. Es una de las tareas menos agradecida que existe, ya que en la mayoría de casos te sientes incomprendido. El delegado sindical de Empresa, no deja de ser un trabajador como los demás, que ha decidido representar a sus compañeros, y que este paso sólo le supone el poder de representar y no te genera ser un superdotado de golpe, el cual tiene solución inmediata para todos los problemas y respuestas para todas las preguntas, como muchos trabajadores y trabajadoras piensan.

En realidad esto consiste en una aventura en la que te tienes que formar y que la mejor formación es la experiencia de haberte estrellado en muchas ocasiones, como para casi todo. Conseguir mejoras para el trabajo de tus compañeras no es fácil y al final nunca satisface a todo el mundo. Pero la que no está contenta es la Empresa que ya tiene enfrente un contrapoder que crece proporcionalmente al apoyo que vas consiguiendo de tus compañeros y que disputa directamente las plusvalías del trabajo que se realiza.

El delegado sindical, tiene también una labor social y de pedagogía con los trabajadores  para crear conciencia de clase, porque los derechos laborales si no están acompañados de otras medidas sociales nos dejan en situación de vulnerabilidad. Para desarrollar todas estas labores es necesario tirar de una palabra muy usada y poco practicada, MILITANCIA, que significa emplear tu tiempo libre por trabajar por el bien común altruistamente.

Esta es una versión comprimida de la labor incansable que hacen muchos delegados y delegadas  sindicales de Empresa, poco valorados, muy olvidados, pero muchas veces auténticos héroes que se enfrentan cada día a caciques, dictadores empresariales o a grandes multinacionales con un poder por encima de los gobiernos de turno. Y lo hacen sin más herramientas que la lucha, la unidad y la solidaridad de sus compañeros y compañeras de trabajo.

Javier Adalid es Secretario General de CCOO de Nissan en la fábrica de Montcada i Reixac (Barcelona).

LaRepublica.es
Diario obrero y republicano fundado el 14 de Abril de 2006.