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Komsomolskaya Pravda | Polina Orlovskaya | Traducido del ruso por Íñigo Aguirre.

Mientras los nacionalistas intentan inculcar que la Ucrania independiente tiene un solo enemigo, “Moscovia”, en la frontera ruso-ucraniana hay largas filas de los que quieren ir a pasar las fiestas con la familia.

31 de diciembre

Antes de año nuevo coincidí con mi vecino. Es académico y aunque podría hace tiempo estar disfrutando de la jubilación, todavía enseña física a sus estudiantes. Los estudiantes estaban exultantes de júbilo cuando cayó el avión ruso. El hombre se lo reprochó, mientras ellos estaban eufóricos abandonando la clase para ir a por cerveza. El científico les dijo que no eran más que unos descerebrados sin corazón. En general la juventud no tiene la sensación de que esté pasando ninguna tragedia entre Ucrania y Rusia; Mientras no les afecte directamente por la muerte de alguien cercano, no lo perciben como algo doloroso ni grave. Simplemente les trae sin cuidado lo que ocurra en el Donbás mientras no les llegue la carta de incorporación a filas. No son pocos por cierto, los que prefieren largarse a Moscú y esconderse así de la movilización.

La víspera de año nuevo pasé un rato en la estación de autobuses de Kiev viendo cómo llegan y salen autobuses con origen y destino en Moscú. Todo recuerda a una especie de evacuación. Una multitud nerviosa, comprobación de documentación, el ajetreo de colocar las maletas, la chulería y engreimiento de los conductores. Pero hay que ver la cantidad de gente que va a Rusia y los que regresan a casa a pasar las fiestas. La gente está agotada de las filas en la aduana y las comprobaciones de equipaje. Los hay que van a un entierro, los que van a ver a la familia, o los que van simplemente como suelen decir a pasar un rato con la parentela. Los autobuses, contando con el paso por la aduana, emplean unas 20 horas, si no más. Es un flujo interminable ajeno a la coyuntura política del gobierno ucraniano.

1 de enero

En este día como de costumbre, los nacionalistas ensalzan a Stepan Bandera con motivo de su natalicio. En las ciudades ucranianas se organizan marchas de antorchas. Hoy día en Ucrania encuentras a Bandera hasta en la sopa. Ya no existen los Tolstoi, Dostoyevski, Katayev, el mariscal Zhukov ni el general Batutin, ni el conde Razumovski, ni Serguei Koroliov, Eduard Bagritski o Sidor Kovpak. No los voy a enumerar a todos, creo que la idea está clara.

En Kiev quieren renombrar la calle y plaza dedicadas a Lev Tolstoi con su correspondiente estación de metro, por la de Roman Shujévich y el ucranófilo Chekalenko. Recuerdo cómo las primeras marchas similares eran disueltas por los “Berkut” (antidisturbios), para luego pasar a convertirse en parte del paisaje urbano. Comenzando desde el 2007 las marchas empezaron a ser multitudinarias y cada vez más organizadas, y desde el 2013 con una retórica antirrusa más agresiva.

Esta vez ha salido todo a pedir de boca. Los representantes del partido “Svoboda” y los patriotas de otras organizaciones han llegado a los pies del monumento a Taras Shevchenko frente al edificio rojo de la universidad. Muchos de los manifestantes llevaban el tradicional pasamontañas. Sobre el fondo oscuro el cielo, ondeaban las banderas del partido “Svoboda” y las rojinegras de la “UPA” y “Praviy Sektor” (organizaciones prohibidas en Rusia). Un ligero olor a alcohol emanaba de los patriotas vestidos con uniforme de camuflaje y sus característicos gorros negros estilo Bandera con el “Trisub” (escudo ucraniano).

Рухаемось колонной. Взялы смолоскыпы в руки и рухаемось, рухаемось швидко! (en ucraniano en el original).

“Nos alineamos en hileras. Cogemos las antorchas en la mano y nos alineamos rápido”. Una mujer enérgica de unos cuarenta años con cazadora rojinegra, comienza a repartir antorchas, preparadas especialmente para la ocasión, llamando a todos a organizarse en hileras.

Uno de los representantes del partido “Svoboda”, Andrei Mohnik, llegó a la marcha con sus hijos. Había muchos niños esta vez.

La causa de Stepan Bandera es hoy de más actualidad que lo haya podido ser nunca a lo largo de la historia de la independencia de Ucrania, declara ante los periodistas: Necesitamos la absoluta cohesión de todas las fuerzas nacionalistas de Ucrania en las condiciones de una nueva guerra “moscovo-ucraniana”. Simplemente debemos estar unidos.

Por cierto que el partido ultranacionalista ucraniano “Svoboda”, tras haber perdido gran parte de su popularidad, pretende ahora tomarse la revancha y volver a la gran política. Tras la entrevista relámpago de sus líderes, la columna, bajo el acompañamiento de los tambores, enciende las antorchas y enfila dirección a la engalanada para año nuevo avenida Kreschatik, entre los gritos típicos de un día como hoy: “Ucrania por encima de todo”, “Gloria a Ucrania, gloria a los héroes”. Este año al ramillete habitual de consignas antirrusas han añadido una nueva: “El perro de Avákov (ministro del interior) a la horca”.

Durante la marcha la mayoría de habitantes de Kiev que nos cruzábamos se hacían “selfies” con sus móviles, sin condenar para nada este acto de año nuevo, mientras que otros muchos se sumaban alegremente a corear consignas rusófobas e insultos contra el presidente de Rusia. Inesperadamente una mujer joven gritó de repente al paso de las columnas: “Salvajes retrógrados”, recibiendo en respuesta miradas amenazadoras, ante lo que optó por confundirse rápidamente entre la multitud que abarrotaba la avenida Kreschatik.

Al acercarnos a la plaza “Maidán” las antorchas empezaban ya a apagarse, dejando tras de sí un olor agrio a gasolina o queroseno quemado. La marcha, protegida por un gigantesco número de policías, había llegado a su fin. Las antorchas ya habían terminado de arder, los nacionalistas prometieron continuar la lucha, mientras en la Kreschatik volvió a retomarse el tradicional ambiente festivo de año nuevo, con sus shashlikí (pinchos de carne  a la brasa), ponche de vino caliente y demás componentes típicos de la fiesta al estilo de Ucrania occidental.

-Dígame, preguntó una mujer mayor a uno de los militantes de “Svoboda”, ¿acaso Occidente no es nuestro enemigo?

-¡Qué va a ser Occidente nuestro enemigo! Son nuestros amigos. Solo tenemos un enemigo, “Moscovia”, explicó a la anciana el joven nacionalista, mientras ésta se alejaba de la marcha de antorchas.

Sigo sin entenderlo: ¿Está Kiev de acuerdo con esta locura o después de todo no lo está? Y ya que los ucranianos van en masa a pasar las fiestas a Rusia ¿Quién entonces y contra quién están luchando? Me gustaría poder entenderlo de una vez.

Íñigo Aguirre
Íñigo Aguirre es traductor de ruso y dedica su tarea a traducir artículos de medios de comunicación rusos al castellano, especialmente los alineados con el Movimiento Comunista ruso. Destacan sus traducciones del diario Pravda.