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El tema –o monotema- catalán ha generado o reabierto un conjunto de debates que a pesar del interés o la necesidad de abordarlos por parte de la izquierda,  empiezan a cansarme. Podríamos pasarnos horas hablando sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos o de si podemos considerar un territorio rico del Estado como una colonia o no. También sería interesante saber cómo se convierten los cuerpos coercitivos del Estado en héroes o cómo las derechas respectivas acaban arrasando en las próximas elecciones. Tampoco vendría mal preguntarnos cómo los grupos fascistas campan a sus anchas o de cómo se exponen impunemente pensamientos supremacistas en pleno siglo XXI.

Ahora bien, participar en estos debates no significa convertirlos en el centro de nuestro universo. Muchas veces nos abstraemos demasiado y nos olvidamos del sistema económico, del papel del Estado burgués y su función en la lucha de clases, o de la correlación de fuerzas para afrontar cualquier lucha. Da la sensación de que hemos olvidado los problemas reales que sufrimos la clase obrera como el paro, los desahucios, los salarios de miseria o en definitiva, el empeoramiento de nuestras condiciones de vida.

Aceptémoslo, hemos caído en la trampa tomando parte en una lucha entre oligarquías, contribuyendo así a al enfrentamiento entre la clase obrera, tanto de distintos territorios como dentro de ellos. Y esto, no nos lo podemos permitir y menos en plena crisis sistémica en la que cualquier excusa es buena para aumentar la represión y la explotación al mismo tiempo que se normalizan los comportamientos fascistas y/o se banaliza el verdadero fascismo. Más de 300 sindicalistas encausados por hacer huelga, o los casos de Alfon o los titiriteros, entre otros, son claros ejemplos de ello. El caso es que perdemos libertades y derechos conquistados por nuestra clase, nos hacen reformas laborales esclavistas o leyes represivas conforme empeora la correlación de fuerzas. Pero en vez de pasar a reorganizarnos acabamos aplaudiendo las “lecciones de izquierda” de un ex directivo de ETT a través de twitter y sus “zascas”.

Sinceramente, no sé cómo acabará todo esto, pero lo que tengo claro es quienes serán los beneficiados y los perjudicados. De hecho, no hay más que ver cómo los responsables tratan de alargar el conflicto y recrudecerlo. Lo que más me preocupa es que militantes de izquierdas, en vez de aportar algo de luz y parar el enfrentamiento entre trabajadores, se dediquen a meter más cizaña. Duele mucho ver a camaradas insultados y señalados, e incluso acusados de ser fascistas por posicionarse a favor de la unidad de España o de la independencia catalana. Desde luego, los fascistas de verdad (de un lado y de otro) deben estar frotándose las manos al ver cómo la izquierda les entrega a las masas a base de insultarlas. Me pregunto cómo es posible que militantes comunistas caigan en el gran error de llamar fascista o racista a cualquiera y con tanta facilidad. Al paso que van algunos, acabarán llegando a la conclusión de que todos lo son excepto ellos.

Si fuésemos capaces alguna vez de no tomar la parte por el todo, temas como este serían afrontados sanamente y en su justa medida y no provocarían más guerras entre nuestra clase. De hecho, estoy convencido de que si la consciencia y la unidad de clase se situasen por encima de todo esto, las distintas oligarquías tardarían escasos minutos en ponerse de acuerdo. Pero debemos admitir que saben aprovechar hasta sus guerras internas. La jugada está siendo maestra. Como bien decía hace poco @VigneVT, las  “facciones de la burguesía (están) jugando al tenis y la clase trabajadora haciendo de pelota”. Y añadiría, que la izquierda está de recogepelotas.

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