Opinión

El chalet de Pablo e Irene

mayo 21, 2018
LaRepublica.es

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El chalet de Pablo e Irene

Pablo Iglesias e Irene Montero se han comprado un chalet en la sierra de Madrid valorado en unos 600.000 euros y esto ha traído un revuelo mediático bastante importante en las redes sociales, radio, televisión y prensa escrita. Yo quiero puntualizar cuatro cosas que me parecen fundamentales a raíz de esta noticia.

Primera cosaIrene Montero y Pablo Iglesias se pueden comprar con su dinero ganado honradamente lo que les venga en gana, es cierto que desde posturas marxistas se podría hacer un debate sobre la propiedad de las vivienda. Y también es cierto que un comunista no tiene ninguna obligación de vivir en la pobreza o en la indigencia, lo que, es más, nuestra lucha se basa en salir de ambas y tener una vida digna y que una cosa es la propiedad socialista de los medios de producción y otra bien distinta donde me gasto yo mi dinero ganado con el sudor de mi frente. ¡Pero ojo, Pablo Iglesias e Irene Montero no son comunistas! Es lo primero que hay que dejar bien claro y no porque yo sea quien para dar o quitar carnets comunistas si no porque la ideología y la praxis política de ellos y de Podemos no es para nada comunista y ellos mismo lo dicen. Así que por favor dejarnos a los y a las comunistas en paz con este caso que no tiene nada que ver con nosotros.

Segunda cosa, cuando basas todo tu discurso político en sandeces como “los de arriba y los de abajo”, “la casta”“no se puede gobernar un país desde un ático de lujo”los políticos no deben vivir aislados en chalets, etc, y luego tú vas y te compras un chalet de lujo pues como poco quedas como un hipócrita. Y es aquí donde yo le critico a Pablo Iglesias y a Irene Montero y no de ahora sino de hace años porque desde que saltaron al estrellato político por medio de una campaña de marketing de las grandes cadenas audiovisuales de este Estado no han hecho otra cosa que ser unos hipócritas y unos desagradecidos y unos estafadores políticos. Y, sino que le pregunten a Valtonyc quién le pidió la canción por la que va a ir a la cárcel…

Tercera cosa, ya que hablamos de hipotecas y alquileres de la mano de otro hipócrita como el señor Juan Carlos Monedero, deberíamos recordad que mientras en la URSS solo se necesitaba el 5% del salario para tener una casa aquí en pleno paraíso capitalista se necesita entre el 40% y el 60% para poder vivir de alquiler o hipotecado a 30 años. Que es una verdadera vergüenza que la fuerza política que venía para cambiarlo todo en 2014 no tenga en 2018 ni siquiera en su programa político cosas básicas como la nacionalización de las eléctricas o el control el precio y regulación de la vivienda, algo que ocurre en otros países capitalistas de nuestro entorno europeo.

Cuarta cosa, es una vergüenza ver como desde que apareció Podemos la protesta en la calle brille por su ausencia y una buena parte de los activos militantes de la izquierda del Estado estén “secuestrados” en un proyecto político que no pasa de la socialdemocracia de Felipe González en 1982. Que muchos de sus simpatizantes y militantes se parezcan más a los seguidores de una secta que a un partido que se autodefine de izquierdas, cambiado en sentido crítico y el análisis político por una defensa acérrima del “líder supremo” incluyendo el negar las noticias o las informaciones, aunque los propios implicados hayan realizado declaraciones sobre ello.

No quiero terminar sin antes decir que a mí esto me da mucha pena y que además significa un gran peligro para la izquierda en el Estado ya que entre la manipulación mediática y un discurso estafador la gente ve en Podemos un partido comunista y estos actos ensucian el duro trabajo que los militantes y las militantes comunistas de verdad realizan todos y cada uno de los días en las calles, barrios y pueblos en unas condiciones de semiclandestinidad y con la amenaza represiva sobre sus cabezas. Por eso hay que decirlo bien alto y bien claro:

Pablo Iglesias e Irene Montero como todos los demás dirigentes de Podemos no son de los nuestros, son de ellos.

Pablo Gartzia para La Columna

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