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La posibilidad de la creación de un estado kurdo, desaparece al no entrar en vigor el Tratado de Sèvres (1920), dónde se le reconocía el derecho a existir como tal y culmina con la firma del Tratado de Lausanne en 1923. La zona kurda se reparte entre la URSS, Turquía, Iraq, Irán y Siria y las nuevas fronteras se terminan de perfilar al finalizar la II Guerra Mundial.

El PKK en Turquía ha sido – desde su creación en 1978 – la organización que mayor visibilidad le ha dado al llamado ‘tema kurdo’.

A principios del 2000 y con su presidente Ocalan condenado a cadena perpetua, se inicia una profunda transformación en la organización, liderada por él mismo, abandonando los principios marxistas-leninistas para incorporar algunas novedades como el ecologismo, la libertad individual o la igualdad de sexos. El resultado de esa transformación lo han denominado “confederalismo democrático”.

Esa reformulación, junto a las numerosas disputas políticas tras varios intentos fallidos de pactar con el gobierno turco, llevan a varias escisiones tanto en el PKK como en su llamado “brazo armado”, el HPG. Una de las más conocidas es ‘ Los Halcones de la Libertad “ (TAK) por ser quienes han reivindicado algunos de los últimos atentados producidos en Estambul.

En cada país del kurdistán ocupado existen organizaciones afines al PKK, siendo las milicias del YPG las más conocidas en Siria; principalmente por su papel activo en la guerra y por su sorprendente capacidad para aliarse hasta con su mayor enemigo.

El YPG ha mantenido combates tanto contra el gobierno de Al Assad como contra sectores del ISIS, si bien con estos últimos han llegado a pactar – y luchar juntos para derrocar al gobierno soberano sirio – a cambio de que estos respeten su derecho a la autodeterminación.

Al principio de la guerra las milicias kurdas mantuvieron una posición “neutral”, limitándose a proteger las áreas pobladas por kurdos. En junio de 2012 tienen un primer enfrentamiento con los terroristas en Alepo y Afrin, al noroeste del país y pocos meses después, el ataque del Frente al-Nusra sobre Ras al-Ayn – de mayoría kurda y controlado por el ejército sirio – propició la entrada del YPG en la guerra siria.

Desde entonces, las milicias kurdas han combatido contra el ISIS en el norte de Siria – con cobertura de EEUU y aliados – y se han mantenido al lado del gobierno sirio en su lucha por la liberación de Alepo.

Tras el anuncio por parte del YPG – a principios del pasado mes de noviembre – de una ofensiva en Raqqa, con apoyo de occidente y pretendiendo dejar fuera a Turquía, parece evidente que los intereses de estos kurdos-sirios es lograr el control de la zona para la creación de un estado independiente, algo a lo que, tanto el gobierno sirio como Turquía, se oponen radicalmente por razones distintas. Por otra parte, EEUU – a los que el tema kurdo no le importa lo más mínimo – continúan jugando la baza de dividir a la vez que desestabilizar Siria.

Quizás el YPG debería plantearse que compartir intereses con Israel, Arabia saudí o EEUU no puede ser la mejor base para la creación de un estado independiente, sobre todo si con ello colaboran con aquellos cuya máxima aspiración es la de derrocar al gobierno soberano sirio.

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Lola Soria

Lola Soria es licenciada en historia, natural de Barcelona y residente en Almería. Ha trabajado como cooperante en Nicaragua y es miembro de la Comisión del Centenario de la Revolución Socialista de Octubre.