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Damasco

Tras casi seis años de guerra, Siria se ha puesto de moda. No cómo destino turístico – y méritos no le faltan – sino como objetivo mediático de manipulación y posicionamiento ideológico.

La liberación de Alepo por parte del Ejército Árabe Sirio – y la imprescindible colaboración rusa – ha dado pie a una campaña mediática de apoyo a la población civil tan falsa como la cuenta de Bana Alabed – la niña tuitera de siete años – o el trabajo humanitario de los cascos blancos, del que ya hay miles de pruebas de su falsedad y apoyo al terrorismo en Siria.

La campaña de apagar las luces en señal de duelo por el triunfo de la verdad, de la democracia y de la razón, ha vuelto a poner a cada uno en su sitio. El problema de situarse en una falsa equidistancia es que cuando los hechos obligan a posicionarse ya no hay forma de escapar de la verdadera posición en la que se encuentran.

En el caso de el ayuntamiento de Madrid, esa campaña municipal surge de una asociación – Cear – que casualmente recibe, además de ingentes subvenciones públicas, financiación del “filántropo” Soros, el de la Foundation Open Society Institute. La misma fundación que sufragó a los nazis del Maidan ucraniano, la Spanish Revolution o las “primaveras árabes”. La misma que aporta dinero a eso medios “independientes” que auparon y defienden a los de “ni de centro ni de izquierdas” y que dan cobertura a ideólogos del estilo de Alba Rico, arduo defensor de las intervenciones otanistas de los últimos años.

Ahora que todo apunta al triunfo del gobierno sirio en esta guerra imperialista, que no civil, anda el progrerío nervioso, hasta tal punto que no se ocultan en defender posiciones que rozan, cuando no lo sobrepasan, el enaltecimiento del terrorismo.

Esos “rebeldes moderados” a los que lloran y que tanta preocupación suscita su salida de Alepo, son los mismos que llenaron Madrid de terror y horror aquel 11 de Marzo de 2004 o Londres el 7 de Julio del 2005 o París o Niza. Terroristas en Europa, “rebeldes” en Siria. No parece muy razonable.

Lanzar ahora un “No a la guerra Siria” enmascarado en una defensa de los DDHH o en preocupación por los civiles, tras más de 300.000 muertos, millones de desplazados y un país casi derruido es de un cinismo y de una inmoralidad insoportable.

Los mismos que han estado durante años alabando las “primaveras árabes” y se escandalizan con el drama de sus consecuencias : los refugiados, se rasgan las vestiduras a golpe de mensaje televisivo por unos indeseables que han intentado destruir Siria.

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Lola Soria

Lola Soria es licenciada en historia, natural de Barcelona y residente en Almería. Ha trabajado como cooperante en Nicaragua y es miembro de la Comisión del Centenario de la Revolución Socialista de Octubre.