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Cómo elegir la bicicleta estática adecuada

octubre 29, 2019

Cómo elegir la bicicleta estática adecuada

Uno de cada diez españoles tiene una bicicleta estática que pueden usar todos los que viven en casa. Pero ni todos los modelos son iguales, ni tampoco lo son sus distintos usuarios. ¿Cómo saber, entonces, cuál es la más adecuada para las necesidades de cada persona, que casi siempre son distintas a las particularidades de los demás?

Cómo elegir la bicicleta estática adecuada no es tarea sencilla. En esta guía se ofrece información sobre los diferentes modelos más vendidos y se plantean algunas consideraciones y pistas a nivel general. Hay que tener en cuenta ciertos aspectos antes de decidirse por una, para que la decisión de compra sea lo más acertada posible, siempre dentro de las particularidades y de las posibilidades económicas de cada comprador.

Existe una gran variedad de modelos de bicicleta estática y no es cuestión de plantearse el adquirir una para cada persona que viva en el hogar, salvo si somos millonarios, vivimos en una gran mansión donde nos sobra el espacio y pretendemos montar en ella un gimnasio privado, familiar y completo. Esto no sería realista, así que dejémoslo estar para cuando nos toque la lotería. Si nos toca…

Sin embargo, las diferentes características específicas de cada modelo no siempre se tienen en cuenta, o al menos no representan un factor determinante a la hora de tomar la decisión de comprar una. Prueba de ello es que entre las ‘bicis’ estáticas más vendidas destaca uno de los modelos más baratos, con un precio que roza pero no alcanza, los ochenta euros la unidad. El segundo lugar en el ranking de ventas lo ocupa otra que cuesta ligeramente más, sin alcanzar tampoco los cien euros, y que pasa por ser la que presenta una muy buena relación entre su calidad y su precio.

 

Buena, bonita, barata

El precio de la bicicleta estática es, por tanto, un primer filtro en nuestra decisión de compra, nos guste o no. De hecho, cuando vamos a una tienda, lo primero que nos pregunta el dependiente es con qué presupuesto contamos. Por lo general, una bicicleta estática puede costar desde esos casi ochenta euros antes mencionados hasta cerca de los quinientos euros.

El diseño es un segundo factor determinante al comprar. Solemos buscar una bicicleta que nos agrade a la vista, que “nos entre por los ojos” y que tenga un tamaño adecuado para que nos permita colocarla en el rincón que hemos pensado para ella.

La calidad de sus piezas, su acabado, y el servicio técnico o de atención al cliente de su marca, es el tercer condicionante. La marca tiene que ser conocida para inspirarnos confianza. Generalmente, buscamos una que lleve tiempo en el mercado y que goce de buena reputación, porque esto significa que tiene experiencia y no ha tenido problemas serios con otros usuarios que ya la hayan probado.

Es la regla de las tres “bes”: “buena, bonita y barata”. Pero a la inversa: “barata, bonita y buena”. Sin embargo, pocas veces nos planteamos cuál es la bicicleta estática más adecuada para nuestro peso, nuestra estatura o nuestra edad, o si de verdad nos conviene “dar a los pedales” para hacer ejercicio físico, en lugar de practicar alguna otra actividad, como caminar, o jugar a pádel. Todo depende de cómo nos encontremos físicamente nosotros mismos y de nuestro estado general de salud.

 

Vida sana

La Sociedad Española de Dietética y Ciencias de Alimentación (SEDCA) acaba de dar la voz de alarma: casi cuatro de cada diez españoles tienen sobrepeso, el treinta y siete por ciento, exactamente. Y casi la quinta parte, un diecisiete por ciento, presenta problemas de obesidad. Somos un país de “gorditos” y, encima, estamos por debajo de la media de la Unión Europea (UE) en ejercicio físico. Otros países están peor, pero no es ningún consuelo.

En España, el cuarenta y dos por ciento de sus habitantes no practica nunca ningún deporte, según el Eurobarómetro, la serie de encuestas periódicas que realiza la Comisión Europea en toda la UE. El treinta y nueve por ciento, según esta fuente, hace o al menos intenta hacer, algún ejercicio físico una vez a la semana, y apenas uno de cada cinco españoles hace deporte con más disciplina, regularidad y frecuencia.

Esto da idea de la importancia que tiene que las instituciones públicas lleven a cabo campañas de concienciación ciudadana para llevar una vida sana, seguir una dieta alimenticia equilibrada (la dieta mediterránea, que hemos abandonado) y hacer deporte para no pasarnos en el peso. Los “michelines”, además, cuestan a cada español 265 euros más en impuestos, ya que según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), las enfermedades que produce o que tienen que ver con el sobrepeso cuestan al año 417 millones del gasto sanitario nacional. Gasto que repercute en nuestros bolsillos por la vía fiscal.

 

Sucedáneo del ciclismo

Lo primero que alegan los españoles entrevistados en el Eurobarómetro para excusar su vida sedentaria es la “falta de tiempo” (el cuarenta y cinco por ciento). Entre quienes sí hacen ejercicio, sus deportes favoritos son el fitness (treinta y cinco por ciento), la natación (veintidós por ciento) y el ciclismo (diecinueve por ciento).

Es precisamente por esta afinidad con el ciclismo (en la que han tenido mucha influencia las retransmisiones deportivas del Tour de Francia, la Vuelta a España y el Giro de Italia) por la que la bicicleta estática se ha convertido en el aparato favorito de los españoles que quieren hacer ejercicio físico, pero no pueden ajustarse a un horario o a una disciplina para llevarlo a cabo.

La bicicleta estática ofrece muchas ventajas sobre cualquier otro tipo de ejercicio. Tiene una gran cantidad de opciones para realizar el esfuerzo físico; nos da independencia de la climatología externa (pues es igual que llueva o que haga frío en la calle); nos mantiene a resguardo de los gases de los coches y de otras emisiones contaminantes y respeta más las articulaciones, porque sufren menos al no haber contacto de las ruedas con el suelo. Además, nos preserva de caídas y lesiones.

Tiene, también, algunos riesgos: el principal, que la cojamos con tanto entusiasmo que nos marquemos unas metas demasiado ambiciosas. Hay que ser realistas, porque si no las alcanzamos nos desanimamos, no somos constantes por falta de fuerza de voluntad y la bicicleta queda arrinconada, sin usarse, como un trasto más.

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