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De aquí a un futuro próximo, los insectos serán la fuente principal de proteínas de las personas. Numerosas tecnologías avanzadas, tales como las granjas verticales, la carne obtenida in vitro o la acuaponía, habrán supuesto una auténtica revolución de la alimentación, y las urbes estarán llenas de cultivos hidropónicos.

Eso será en un tiempo. Sin embargo, en la actualidad, cultivar hierbas es una opción de lo más aconsejable y divertida, que pone en contacto al individuo con la naturaleza y le da la posibilidad de conseguir vegetales de manera ecológica y saludable.

Se trata de un proceso que conlleva varias tareas, tales como sacar semillas, plantarlas, comprar el material adecuado, etc. Pero para que todo vaya viento en popa, es fundamental seguir una serie de pautas.

Para cultivar, ¡mucha luz!

En primer lugar, es muy importante observar el lugar donde se quiere cultivar. Hay que buscar una zona luminosa, una circunstancia de vital importancia para que las semillas germinen y las plantas puedan crecer sanas y fuertes. Cierto es que esto depende de la latitud del planeta en la que se viva, lo ideal es que los vegetales reciban seis horas diarias de luz solar.

Es igualmente importante seleccionar las macetas más adecuadas para esta labor. Estas deben tener el tamaño y la profundidad apropiados, en función de qué sea lo que se vaya a plantar. Algunos expertos recuerdan que los recipientes entre 7 y 15 centímetros de profundidad dan la posibilidad de plantar prácticamente de todo, ya que las raíces no necesitan demasiado espacio si tienen agua, aire y nutrientes en cantidades suficientes.

Selecciona una tierra llena de nutrientes, ¡escucha a los expertos!

La tierra debe ser rica en nutrientes. Lo mejor es dejarse asesorar por los expertos acerca de cuál es la mejor tierra y los sustratos precisos. Cada tipo de abono es diferente, y cuenta con características determinadas dirigidas a aplicaciones particulares. Es fundamental que sea esponjosa, que pueda mantener una buena humedad y que recree las condiciones del ecosistema original de la planta.

Las personas inexpertas deben optar por los brotes, ya que las semillas les darán más trabajo, si bien es cierto que no se pueden sembrar brotes con todas las hortalizas. Sí es posible hacerlo con cebollas, tomates o lechugas.

El agua, en su justa medida

Hay que tener cuidado con el agua, ya que cada planta y hortaliza requiere una cantidad de agua en concreto, y una forma muy específica de ser regada. También es importante prestar atención a la época del año, a la frecuencia en la que se debe aplicar el agua y al nivel de humedad y temperatura en el ambiente. Instalar un sistema de riego por goteo puede ser una interesante alternativa.

Con respecto al uso de fertilizantes, expertos recomiendan los fertilizantes balanceados, ya que son buenos no solo para las flores sino también para los vegetales. Se denominan también abonos NPK, y tienen nitrógeno, fósforo y potasio, compuestos esenciales para la alimentación y construcción de tejidos de los vegetales. Resulta trascendental tener mucho cuidado con las plagas, ya que los pulgones pueden dar al traste con la cosecha.

¡No empieces la casa por el tejado!

Un último consejo es empezar siempre por lo más sencillo. Para los expertos, los alimentos comestibles más fáciles de cultivar en casa son los tomates, pimientos, zanahorias, guisantes y espinacas.