
En los últimos años, Vietnam ha emergido como un destino atractivo para la manufactura de productos que van desde zapatillas deportivas hasta muebles, a medida que muchas empresas buscan diversificar su producción y reducir su dependencia de China. Este cambio ha sido impulsado en parte por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y Beijing, las cuales, bajo la administración de Donald Trump, han tomado un giro más agresivo con la reciente imposición de aranceles.
Trump ha anunciado la implementación de un arancel del 46% sobre las importaciones provenientes de Vietnam, una medida que se suma a los ya elevados costos de producción que enfrentan las empresas estadounidenses. Este incremento podría traducirse en un aumento de los precios para los consumidores, que ya se muestran cautelosos en sus gastos debido a la inflación persistente y a la incertidumbre económica.
El impacto de los aranceles en la industria
Las empresas más afectadas por estos nuevos aranceles son aquellas que dependen en gran medida de la producción en Vietnam. Marcas reconocidas como Nike y Adidas, que fabrican una parte significativa de sus productos en este país, se encuentran ahora en una encrucijada. Con la imposición de un arancel adicional del 34% sobre las importaciones de China, que ya enfrentan un 20% de arancel, la tasa efectiva podría alcanzar el 54%. Este panorama se presenta como un desafío considerable para estas compañías, que ya habían pronosticado una caída en sus ventas.
Vietnam se ha convertido en el segundo mayor proveedor de productos para Estados Unidos, con importaciones que alcanzan los 136.6 mil millones de dólares en 2024, lo que representa un aumento del 19% respecto al año anterior. Este crecimiento es significativo, especialmente considerando que las importaciones desde China solo aumentaron un 2.8% en el mismo periodo. La capacidad de Vietnam para atraer inversiones y manufactura se debe, en parte, a su mano de obra competitiva y a un entorno regulatorio que, a diferencia de otros países, no se ve afectado por las presiones geopolíticas occidentales.
A medida que las empresas buscan alternativas a la producción en China, han comenzado a mirar hacia otros destinos en el sudeste asiático, como Camboya, Indonesia y Tailandia. Sin embargo, el futuro inmediato de estas estrategias de diversificación podría verse comprometido por la imprevisibilidad de las políticas comerciales de Estados Unidos.
El caso de empresas como American Eagle Outfitters ilustra esta incertidumbre. Su director financiero ha señalado que la compañía está considerando reducir su exposición a Vietnam, aunque reconoce que el mercado global está en constante evolución y que las decisiones deben tomarse con cautela.
En este contexto, es importante destacar que la dependencia de los fabricantes estadounidenses de las cadenas de suministro en el extranjero no es solo una cuestión de costos, sino también de estrategia en un entorno donde la presión política puede cambiar rápidamente. Muchos de estos fabricantes han optado por establecer relaciones de producción en países que, a pesar de su menor desarrollo, ofrecen estabilidad y un marco regulatorio que favorece la inversión.
El panorama actual pone de relieve la fragilidad de la economía global interconectada y la necesidad de que las empresas reconsideren sus estrategias de producción en un mundo donde el proteccionismo se está convirtiendo en la norma. Las decisiones tomadas hoy no solo afectarán a las empresas, sino también a los consumidores, que podrían enfrentar precios más altos en un futuro cercano.